De la demostración en Llull

De la demostración en Llull

¿Qué es demostración?

Demostrar es mostrar a otro un proceso por el que aumente su conocimiento, y/o se convenza su voluntad, y/o se adiestre en sus prácticas.

Se demuestra el funcionamiento de una lavadora, un teorema matemático, una teoría física, o hasta el amor.

La demostración matemática cartesiana y racionalista consiste en algoritmos que permiten pasar de unas fórmulas o sentencias a otras, calculando una característica de verdad o falsedad. De principios se deducen consecuencias, pero poco convencimiento producen si uno no esta previamente convencido de la verdad de los principios.

La demonstratio per aequiparantiam, por semejanza, por analogía, que hace Llull no es un tipo más de estos algoritmos que permiten pasar de unas fórmulas a otras, es anterior a todos ellos. Claro está que permite diseñar un "Ars Magna" que lo sea, pero las demostración por analogía está en el ámbito de la adquisición del hábito de los primeros principios.

No hay algoritmo, ni regla lógica, ni principio de donde deducir aquella aseveración de San Agustín: "Soy, conozco que soy, y amo ese ser y ese conocimiento". Todos quisiéramos decir lo que somos y ser lo que decimos. Esto está en el núcleo de nuestro ser, nos es evidente, estamos de ello convencidos.

Cuando uno se da cuenta de que todo se manifiesta y todo es cumplimiento de proyectos hasta donde se puede, de que desde la materia está anhelando la forma en el seno del big bang y de que los seres vibran alrededor de las formas de lo que son, permitiendo a los físicos imaginar nubes electrónicas alrededor de los estados del universo en cada momento, no esta proyectando antropomorfismos a su alrededor. Está sintonizando con todo, haciéndose uno con todo, en lo cual consiste el conocimiento. Además se deleita con el gozo de la verdad, no por haber encontrado simplismos estéticos racionalistas, simetrías de fórmulas, sino por la simpatía de todo con nosotros.

Si uno ve que tener un hijo es la manera más sublime de manifestarse y que hacerse uno como su padre es el proyecto más noble que puede concebir, proyecto que ya empezó creciendo con la sangre de su madre y bebiendo su leche, cuando se entera de que la religión le enseña que Dios también es Padre e Hijo, no por eso caerá en la tentación de creerse que ha demostrado el misterio de la Santísima Trinidad.

Hay que advertirle de ese peligro, pero no acusarle de racionalista, porque está por encima de todos los racionalismos. Está en un terreno que es previo a los juegos racionalistas. Está fundamentando la metafísica, la lógica y la ética.

El que condena a Llull de racionalista, probablemente lo sea él mismo y tenga además problemas en la adquisición del hábito de los primeros principios, y tenga más dudas que certezas.

Hay infinita distancia entre acertar en qué se parecen todas las cosas a Dios que las ha creado, y demostrar que las tres divinas personas son tan distintas que puede una encarnarse sin que se encarnen las demás y tan iguales que, siendo Jesucristo tan hombre como nosotros, es tan Dios como su Padre.

Demostrar que en todas las cosas hay materia, forma y concordança, y que en Dios hay eternidad, entendimiento y voluntad, como enseñaron San Hilario de Poitiers, San Agusín y Santo Tomás, por ejemplo, no es ser racionalista. Sería muy bueno que todos los racionalistas estudiaran a fondo a Ramón Llull. Muchos dejarían de serlo. Se ha escrito que a Ramón Llull no se le beatificó porque era racionalista. Eso nos es verdad por dos motivos. Primero porque se le venera como Beato en Mallorca con la aprobación de la Iglesia y también porque no era racionalista. Escribo esta página en pro de alcanzar de la Iglesia su beatificación universal.

Además, sea lo que fuere, es mártir. Dice Aristóteles que las matemáticas están lejos del bien y del mal. Ningún confesor ha escuchado nunca un pecado por haber deducido un teorema matemático. Si el Beato Ramón Llull hubiera tenido una concepción del misterio trinitario que se pudiera deducir de combinaciones de palabras escritas en círculos giratorios, no hubiera marchado a Bujía para dar su vida por él.

Manuel M. Domenech I.

Página(s) relacionada(s):


Camino(s) ascendente(s):