Explicación de Don Fernando Sebastián, obispo de Pamplona, de las palabras:

"Dad a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César".

Los fariseos presentan a Jesús una pregunta peligrosa. Si responde que no es lícito pagar el tributo, lo pueden acusar de rebelde. Si responde afirmativamente le acusarán de colaboracionista. Pero Jesús está por encima de la de la torcida picardía de los fariseos.

Las palabras se suelen interpretar en un sentido falso como si hubiera dicho, dad a Dios la parte de vida y de realidad que le corresponde, y dad al César, o dedicar a los poderes y objetivos de este mundo lo que es del mundo, de la tierra, de vuestra cosecha.

En el campo de la política, algunos utilizan estas palabras de Jesús para justificar una visión dividida de la realidad. «Demos culto a Dios en la vida privada y dejemos la política para los políticos». De esta manera Jesús sería el fundador del liberalismo y del laicismo de la vida pública.

Lo que Jesús dice es bien diferente. Dad a Dios lo que es de Dios, es decir vuestro amor y vuestra adoración por encima de todo y en todas las cosas. Esto no os impedirá cumplir con vuestros deberes sociales y políticos.

Si en la vida práctica reconocéis la autoridad del César utilizando sus monedas, cumplid con él pagando los tributos, que eso no os impedirá vivir como verdaderos creyentes en todos los órdenes de la vida, también en la vida social y política.

Con esta respuesta Jesús nos da el fundamento para tener una mentalidad religiosa y cristiana de la vida entera. Dios es Dios de toda la vida, de toda la realidad. El es el único y no hay otro.

Nadie se puede repartir el mundo con Dios. Los políticos no son dioses, ellos también están bajo la soberanía de Dios y tienen que actuar de acuerdo con su voluntad y con su ley. No hay nada en la vida que esté exento de la autoridad de Dios ni de la ley moral que brota de la fe en El.

Esta religión universal y comprensiva no está reñida con una vida social y política abierta, humanista y participativa, porque Dios es el fundamento de la igualdad, la libertad, la justicia y el amor verdadero entre todos los hombres. Quien adora a Dios es veraz y justo en cualquier época y con cualquier sistema.

Hay mucho que corregir en lo que ordinariamente nos dicen y tratan de imponernos.


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