La Creación


La Construcción del primer Belén

Erase una vez, hace unos quince mil millones de años, que "la tierra estaba confusa y vacía".FN1 Todo el universo yacía caído sobre sí mismo en un abismo gravitacional sin vida, ni movimiento, ni energía de ninguna clase. Sí, verdaderamente "las tinieblas cubrían la haz del abismo".FN1 Cada parte del mundo era simultáneamente aplastante y aplastada. La creación no hubiera podido salir de este estado por sí sola, pero "el espiritu de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas".FN1

"Y dijo Dios: «haya luz», y hubo luz".FN2 Y hubo tanta luz que, según el modelo cosmogónico corriente, aceptado ya por todos los científicos con muy ligeras variantes, este núcleo cósmico se infló de manera que no pudo reconocerse en él, durante los primeros momentos nada más que luz. Era la época dominada por la radiación. A temperaturas suficientemente altas no hay más que luz. Una partícula que hubiera sería inmediatamente deshecha. De esta luz primera han encontrado hace pocos años Penzias y Wilson, en los laboratorios de la Bell Telephone, investigando el ruido de antenas, el resto de su eco, en lo que se llama el fondo de radiación cósmica, y que ha sido el espaldarazo definitivo para la teoría llamada del «big bang» del Abate Lemaitre.FN3

Pero el Génesis empieza diciendo que "al principio creó Dios el cielo y la tierra",FN4 y, como dice San Agustín esto se refiere a los ángeles y al universo material; y dice también que la primera iluminación fue la que Dios hizo en las inteligencias angélicas al explicarles todo el plan de la creación. Podríamos decir, al explicarles cómo iba a construir el primer Belén de la historia.

Jesucristo, según el parecer de muchos santos teólogos, se hubiera encarnado también aunque el pecado original no hubiera existido.ER Además, como se puede asegurar que si Jesucristo no se hubiera encarnado, el hombre habría pecado, se puede decir que la Encarnación estaba en el plan de la creación en todo caso. El pecado original entró en el mundo a insidias de Lucifer, que envidioso de la suerte del hombre, con la soberbia humillada, quiso destruir el plan de Dios que le obligaba a adorar a un hombre del que debía recibir la fortaleza de su bienaventuranza cierta y eterna.

Pero aquellos que recibieron humildes la revelación primera, desde el Génesis al Apocalipsis, son ahora bienaventurados. El arcángel San Gabriel, patrono de las telecomunicaciones, tendría la misión de llevar a María el mensaje más trascendental de la historia. Dios es tan bueno que hasta nos permite imaginar cómo le encomendó el evangélico encargo.

Y el "¡Non serviam!" se oyó otra vez desde el infierno.

Pero a partir de aquel momento pueden inspirarse los Gunod y los Schubert y cantar avemarías, como nuestro inolvidable P. Antonio Massana, que llegaba a tener un Avemaría compuesta para cada día del mes de mayo. Si todas esas notas cristalizaran en el aire resultaría algo como la Anunciación de Fray Angélico, y si esa pintura saliera del cuadro sería como un delicado xilofón de porcelanas de Sévres y de Limonges que cantaría aquellas avemarías al percutir cualquiera de sus piezas.

Dios enseñó a los coros angélicos la cueva de Belén, con el niño envuelto en pañales y los pastores adorando. Aquellos que dijeron que no querrían ir a cantar el gloria en las alturas y las paces en la tierra fueron al infierno. Desde allí tramaron como pudieron el pecado original y la Pasión de Cristo y desde entonces el sufrimiento es ramillete de flores corredentoras y prenda de amor correspondido.

Pero volvamos al núcleo primitivo. El estallido se produce precisamente porque Dios y los ángeles imprimen su energía a aquel monstruoso y colosal conglomerado de materia confusa y vacía. Las inteligencias comienzan a mover aquella masa para modelar con ella el belén de la historia. Las tendencias que Dios ha impreso en la materia para que apetezca sus multiples posibilidades de realización ontológica, se complementan con el movimiento con el que agitan los ángeles la masa cósmica y se produce el ámbito ecológico de este mundo en que vivimos.

El espectáculo que quiero presentaros es algo colosal; es fuente de inspiración de artistas y pasmo de quienes lo consideran. Para dar idea de lo que quiero decir podríamos recordar aquellas escenas de la película «Fantasía» del inigualable Walt Disney, cuando describe cómo pudo ser el aspecto de la tierra en aquella época de la extinción de loa dinosaurios. Algunos reportajes filmados sobre la actividad volcánica, sobre todo de noche, o ciertas pinturas de arte cosmicista no dejan ver más que por una pequeña rendija algo de lo que se debe imaginar para una composición de lugar suficiente.

Platón en el Timeo tiene unas frases geniales que podemos concordar muy estrechamente, tanto con el Géneis como con el modelo cosmogónico corriente de la ciencia moderna. Dice Platón:

"El mundo es el resultado de la acción combinada de la necesidad y de la inteligencia. La inteligencia dominó al punto a la necesidad consiguiendo persuadirla de que era necesario producir del modo más perfecto cuantas cosas nacían. La necesidad cedió a los sabios consejos de la inteligencia y, de este modo fué constituido este mundo desde su principio".TIMEO1

La lectura del Génesis resultaría placentera al mismo Platón, pues unos párrafos más abajo dice:

"Invoquemos a la Divinidad, que nos ha guiado hasta aquí antes de proseguir, con objeto de que ella nos guíe en esta averiguación tan ardua y desacostumbrada, hacia doctrinas verosímiles, evitándonos consideraciones absurdas e incoherentes".TIMEO2

Sí, verdaderamente, como se está asegurando cada vez más entre los científicos que no tienen prejuicios antiteistas, no se hubiese llegado a la figura ecológica de este mundo, sin un gobierno providencial que llevase a la materia ciega, que es la que cumple las leyes fisicoquímicas «necesarias», a una disposición tal como la actual que permite la vida de esquimales cerca de los polos sin imposibilitar la población de la franja ecuatorial de nuestro globo.

A este respecto se puede recordar aquí lo que decía Sir Arthur Eddington, físico inglés que capitaneó las expediciones que en Brasil y Australia hicieron las mediciones de la desviación de los rayos de luz de las estrellas por parte del sol durante el eclipse total de sol de 1919 y que llevaron a la confirmación de la teoría generalizada de Einstein. Digo esto para que se vea que se trata de un gran físico moderno, que conocía las últimas teorías físicas de los libros y que además podía llevar a la práctica precisas mediciones en difíciles circunstancias. Pues bien, dice Eddington que ve tan difícil que se den las condiciones de habitabilidad de un planeta que no cree que haya en el cielo otro astro habitado como la tierra.EDD Hace pocos años, he oído explicar al P. Manuel Ma Carreira S.J., que más recientemente, el científico ruso Iosef S. Shklovskii, ha dicho en un congreso de Astrofísica en Rusia, que después de haber considerado en mas detalle la serie de "coincidencias" improbables que fueron necesarias para nuestra presencia en la Tierra, había llegado a la conclusión de que la vida inteligente en nuestro planeta era "literalmente, un milagro" y que probablemente es éste un caso único en el Universo, o, al menos, tan raro, que nunca podremos determinar si hay otro. Me diréis ¡Son tantas las estrellas!. Pues ya de un plumazo hemos de eliminar nada menos que dos terceras partes de ellas si queremos contar las candidatas a tener planetas habitados a su alrededor. Dos tercios del ejército estelar están formados por estrellas dobles que hacen imposible la una a la otra el tener un cuerpo habitable en órbita. No es este el momento de explicarlo con detalles, pero así iríamos eliminando estrellas hasta ver lo improbable que es un sistema solar, una tierra con oxígeno, nitrógeno y agua en proporciones aptas para la vida, un sol de tal temperatura y tamaño con una tierra a la distancia apropiada con una inclinación tan bien puesta de su eje respecto a la eclíptica. A esta concepción, que cada vez tiene más adeptos entre los científicos se le llama «principio antrópico».PMMC

Por eso podemos decir con verdad que el mundo se formó así:

Dios y sus ángeles celebraron la creación del cosmos con un gran castillo de fuegos artificiales, aunque los artificieros no fueron hombres, que todavía no existían, pues de las cenizas de sus chispas se formó el Edén. Para las eternidades divinas y los evos angélicos un millón de años es como un minuto de una noche de verbena. Después del primer estallido se reunían las cenizas formando las estrellas que danzaban todas juntas y hacían ruedas de fuego y nebulosas espirales, y se colapsaban y explotaban de nuevo en supernovas y todo con la ligereza de la ingravidez de lo que no pesa hacia otros mundos porque no los hay.

Y entonces, uno de los ángeles cogió delicadamente la bola de la tierra con sus manos y envolviéndola con una larga trenza hecha con sus tirabuzones de oro, la lanzó como un niño a una peonza y la dejó rodando sobre sí y alrededor del sol, con su eje inclinado 23 grados y medio. Así los árboles podrán dejar caer sus hojas viejas en otoño, sostener la nieve en invierno, reverdecer sus retoños en primavera y dar sus jugosos frutos en verano, porque sólo así podrá haber verano, otoño, invierno y primavera. Así en las latitudes de Sión sólo los pobres pasarán la noche a la intemperie pero sin morirse de frío. Por eso los primeros justos fueron pastores y no reyes.

Y otro ángel terminó el paisaje más allá del Finisterrae. En las faldas de los Andes lo acabó. Y al otro lado de las Indias puso la de Javier y su Japón y las cien mil islas Filipinas y los arrecifes de coral. Y nevó las cumbres del Popocatepel y el Cotopaxi y las de los Alpes y puso arenas en los desiertos y nieves en el Himalaya. Y Dios puso sus figuras: Melchor, Gaspar y Baltasar y Pascual Bailón y los tres de Fátima, y a su padre David y a Saúl, que fueron a la vez reyes y pastores, y a Fernando de Castilla y las Isabeles de Hungría y Portugal y la Católica de las Españas y Coronó a Carlomagno en la misma Navidad.

Jacinto Verdaguer cantó también la centralidad de Jesucristo, precisamente en el poema dedicado a la invención del Belén por parte de San Francisco de Asís:

"Què aguaiten en la terra, què hi obiren?
   a Aquell de qui a l'entorn los astres giren,
             gran Astre de l'amor,
   de la falda santísima esmunyir-se,
   i de Francesc al braços adormir-se
             bressat sobra son cor".

Que podría traducirse así:

"Qué miran en la tierra, qué contemplan?
   a Aquel, entorno al cual los astros giran,
             gran Astro del amor,
   del regazo santísimo escurrirse,
   y de Francisco, en brazos, dormirse
     (acunado) sobre su corazón".

Así, en esta delicada poesía de Mosén Cinto vemos girar a todo el cielo en torno a Jesucristo, gran Astro del Amor.

Y es que, como dice Santo Tomás: "El único que acertó de los antiguos fue Anaxágoras, pues dijo que «todo lo mueve el amor»". Santo Tomás que siempre reconoce la primacía de la inteligencia, explica que como Dios está por encima de todo lo que se puede pensar, a El, más valor tiene amarle que lo que podamos entender de El. El mismo San Pablo nos pone a la Caridad por encima de la Fe y de la Esperanza.

Todo lo mueve el amor. «El amor que mueve el sol y las demás estrellas»,TE como dice Dante para terminar su Divina Comedia. Santa Teresita hizo del amor la vocación de su vida, porque siendo el amor el motor de todas las vocaciones, ella que quería tenerlas todas, quedó satisfecha con él.

Los ángeles que construyen el belén de la historia lo hacen con el deseo amoroso de completar el número de los elegidos que, con la Gracia de Dios, como dice San Agustín, en el cielo "descansaremos, descansaremos y veremos, veremos y amaremos, amaremos y alabaremos". SAGUS

Sí, todo lo mueve el amor. Por eso, aquellos niños que con amor ponen sus pajitas en el pesebre se parecen a Dios en el causar. ¡Con cuánto amor fue poniendo Dios las cosas en su pesebre!. Fue cosa de años; invierno tras invierno el agua, al helarse, iba reventando aquellas piedras hasta que se derrumbó parte de la pared. Es lástima, pero ha quedado tan bonito. Gallinitas, cerditos, patitos, corderitos fueron creados para adornar el cósmico pesebre. Aquella yedra que trepa por el enyesado; el corcho de los troncos del medio techo a punto de caer; el musgo de la humedades seculares; el hollín de aquella hoguera reiterada tantas noches, es tan real que no se puede decir que parece de verdad porque lo es. Bueyes, vacas y corderos van entrando y saliendo para comer. !Señor que se estan haciendo caca!. ¡Oh, perdón Señor!. ¡Perdona a tu pueblo, Señor!. Tiene razón Giovani Papini; Tú has venido al estercolero humano para redimirlo.

Y llegan María y José. ¨No has hallado sitio, José?. ¡Qué poco habeis cenado!. Por cierto; ¨Habeis cenado?. Dormid y descansad con la satisfacción del deber cumplido; no tienes mejor sitio para tu mujer, pero has cumplido con tu deber; te has venido a Belén, tan pequeña; pero mira, Godofredo de Bouillón dejará su castillo en las Ardenas Belgas para venir también. Mira si será grande la ciudad de David.

Y un sueño de amor dejó que el viento apagara el farol de José. Y cuando lo encendió de nuevo para ver lo que pasaba creyó que había incendiado el mundo. La luz de la gloria del cielo inundó la cueva y sólo José y María vieron lo que quisieron ver muchos profetas y reyes. Después sólo Jesús y María verán morir a José, y María los verá morir a los dos, pero ahora... ¡Ahora vendrán pastores y reyes a juntarse a los coros de los ángeles y en el universo entero vibrará el Gloria en las alturas y una oración por la paz!.



FN1 Génesis 1, 2.
FN2 Génesis 1, 3.
FN3 Los tres primeros minutos del universo. S. Weinberg. Alianza Editorial.
FN4 Génesis 1, 1.
ER Enrique Ramière. El Corazón de Jesús y la Divinización del Cristiano, pag 58. El Mensajero, Bilbao.
TIMEO1  Platón. Timeo. Ediciones Ibéricas, Madrid. pag. 238.
TIMEO2  Platón. Timeo. Ediciones Ibéricas, Madrid. pag. 239.
EDD The Nature of the Physical World. Cap. X
PMMC  El Creyente ante la Ciencia. Manuel Ma Carreira S. J. Cuadernos BAC no 57, pag. 26.
DANTE  La Divina Comedia. Editorial Bruguera. Barcelona. pag. 302.
SAGUS  La Ciudad de Dios. libro XXII, cap 30, 5.

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