María Corredentora

María Corredentora

 

El problema de la corredención mariana puede recibir luz al considerarlo desde el punto de vista que se explica en la página: Apuntes para una sinopsis de la dialéctica de las herejías. El problema de la corredención mariana es semejante al que tienen los que no entienden la conjunción de la gracia y la libertad. Por eso siempre será incomprensible para pelagianos y protestantes, que quizás se convertirían mirando a María corredentora.

Don Laureano Castán Lacoma, en su magnífica obra "Las Bienaventuranzas de María", (BAC Minor no 22), dice en el apartado "Precisiones teológicas" de la pag. 289:

"Hay que evitar posturas extremas. Por una parte, no se puede minimizar la participación redentora de la Virgen a lo que sería solamente la aplicación a nosotros, por los méritos de María, de lo frutos de la pasión de Cristo, ni tampoco parece ser suficiente admitir una corredención como la que correspondería a María simplemente por ser Madre del Redentor. Hay que admitir que la Señora aportó para nuestro rescate, de una manera directa, además de su maternidad divina, una aceptatción generosa y dolorosa de la pasión de su Hijo y de sus propios dolores, y un ofrecimiento consciente de la víctima divina al Padre, en unión con Cristo y subordinada a Él".

"Por otra parte, hay que explicar esa corredención de María de forma que no aparezca como independiente de la de Jesucristo, ni tan perfecta como la de Él, ni simplemente paralela, sino totalmente participada y subordinada a la de Jesucristo".

En resumen, no se puede minimizar hasta hacerlo algo puramente pasivo sin realidad operativa, ni maximizarlo como puramente activo operando independientemente de la gracia redentora de Cristo.

Considerarlo puramente pasivo es no reconocer que hay, por parte de María, cooperación activa con la gracia, la cual es también gracia. Esto estaría en la línea de pensar que que lo que es imposible al hombre, también es imposible a Dios.

Entenderlo como puramente activo es no reconocer que sin Dios nada podemos hacer. Esto estaría en la línea de pensar que lo que sólo es podible a Dios es también posible al hombre.

La verdad es que "lo que es imposible al hombre es posible a Dios". Es la gracia redentora de Cristo la que subsume la corredención de María, haciéndola realizarse realmente por la misma gracia. Tan inmensa fue la redención de Cristo que hizo a su Madre corredentora.

Por eso puede decir Don Laureano en la bienaventuranza 35 de la fe intrépida de María en el Calvario (pag 290): "Bienaventurada fue María, porque su fe, en la hora más difícil, fue fruto por igual de la gracia que el Padre derramó a torrentes en su alma y de la generosa correspondencia que ella le prestó".

Para terminar añadiré lo que escribe Don Laureano en esta misma página:

"Las escuelas teológicas tienen todavía un amplio margen para investigar y aquilatar más lo referente al mérito de la Virgen como corredentora. Nosotros nos quedamos con lo dicho, invitando a los lectores a que, más que profundizar en un examen especulativo sobre la corredención de María, procuren sacar de ella todas las consecuencias de devoción y de alabanza marianas que de la misma se desprenden. Una de ellas puede ser el pronunciar y meditar devotamente esta bienaventuranza mariana: Bienaventurada la Virgen Dolorosa, que no se escandalizó de Cristo en el Calvario, porque, gracias a su fe intrépida y vivida, fue, en unión con Cristo, corredentora de los hombres".


Dicho de otra manera: Hay que ser co-redentor.

Unos quieren ser redentores sin Dios. Quieren obras sin fe. Son los herederos de Francis Bacon, como lo explica la Carta Encíclica SPE SALVI del Sumo Pontífica Benedicto XVI

Otros no quieren ser corredentores. Quieren fe sin obras. No creen que Dios puede hacernos correndentores. Odian a La Virgen corredentora.

Una vez más María es la vencedora de todas las herejías.

Advertencia importante:

Abunda un tipo, el más asqueroso, que cuando trabaja quiere ser redentor, hacer obras sin fe, y se presta a colaborar hasta en tareas contra la ley natural, y cuando ora, no cree que Dios nos puede hacer corredentores y se piensa una fe sin obras.

Mucho cuidado, son muy peligrosas porque tienen la desfachatez de atribuirse aquello de Pemán en el Divino Impaciente: "el rezo no estorba al trabajo y el trabajo no estorba al rezo", cuando, en realidad, trabajan contra Dios y rezan contra el prójimo. Al hacerlo en momentos distintos no ven el estorbo y se creen perfectos.

Manuel Ma Domenech I.


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