Como una flor

 

Este fue el Pregón de presentación de la proclamación de los premios del XXXV concurso de belenes de la Unión Seglar de San Antonio Mª Claret de Barcelona el día 28 de enero de 2007.

"La creación es un templo y cada criatura una imagen de Dios", dice la Beata Madre Dolores Rodríguez Sopeña. Si todas las cosas son imágenes del mismo y único Dios, se han de parecer a Él y entre ellas.

Dice el profeta Isaías 66,9: "¿Yo que hago parir, no pariré? dijo Jahvé. ¿Yo que hago engendrar, seré detenido? dice el Dios tuyo". Si en el hoy eterno de la intimidad de la Trinidad hay parto, también lo habrá en todas las criaturas.

En todos los rincones de la creación podemos ver como partos, como un continuo dar a luz, como alumbramientos. Desde el "Big Bang", la producción de las estructuras de los cuerpos, con sus geometrías espaciales y sus transparencias energéticas, son como la explosión de la materia en un jardín de flores. ("Materia" viene de "mater", "madre").

Ese sacar de dentro, que hace hasta la tierra cuando por los volcanes arroja fuego porque su "gravidez" funde las piedras, ese mostrar colores, ese desplegar una geometría armoniosa, ese dibujarse en el espacio y abrirse en el tiempo que hacen las flores, esa belleza que tan bien se veía en "El Desierto Viviente" que Walt Disney presentó por los años 50, filmando flores abriéndose en fotos ritmadas por minutos, esa hermosura la tienen todas las cosas porque todas se parecen a su Creador.

Como una flor de Nazareth, que significa "La Florida", María es la flor de la que sale el Verbo Encarnado. En el Ave María y la Salve insistimos en eso.

Dios es Padre, y además, a sus criaturas siempre les pone también madres, tanto en el orden de la naturaleza como en el de la gracia. Al ser hijos de Dios, somos también hijos de María, Madre de la Divina Gracia.

Hemos oído muchas veces, por lo menos cada año, el día de Reyes, la profecía de Miqueas: "Y tú, Belén de Efrata, no eres la más pequeña entre las familias de Judá, pues de ti me saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel", ... pero, si miramos cómo continúa la profecía, vemos lo que la Iglesia nos leyó en la primera lectura este último domingo de adviento:
... "sus orígenes se remontan a los tiempos antiguos, a los días de antaño. Por eso el Señor abandonará a los suyos hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de dar a luz. Entonces los que aún queden volverán a reunirse con sus hermanos israelitas. Se mantendrá firme y pastoreará con la fuerza del Señor, y con la majestad del nombre del Señor su Dios. Ellos vivirán seguros, porque extenderá su poder hasta los confines de la tierra. Él mismo será la paz".
(Miqueas 5,1-4a).

¿Se ha cumplido esta profecía? Unos dicen que no. La interpretan materialmente y siguen esperando al Mesías. Otros dicen que sí. La interpretan espiritualmente y destruyen la elección de Israel. Queda que haya empezado a cumplirse pero todavía no del todo.

El primer gran prodigio celestial del Apocalipsis es la mujer vestida del sol que sufre por dar a luz.

¿Esa "Mujer" quién es? ¿La Virgen, la Iglesia, Israel, toda la creación? Su hijo regirá las naciones, pero la Virgen dio a luz sin dolores de parto: El parto en Belén fue virginal y sin dolor. Dice el profeta: "Antes que estuviese de parto, dio a luz; antes que le viniesen los dolores dio a luz un hijo. ¿Quién oyó tal? ¿Quién vio cosa semejante?" (Isaías 66,7-8a).

Sabemos también que "toda la creación sufre dolores de parto" (Rm 8,19-22) Las lágrimas de este valle, todas las angustias y las penas y dolores de todos los hombres son esos dolores de parto también. Las guerras y rumores de guerras, los terremotos, son el "principio de los dolores" dice Jesucristo (Mateo 24,8). Esos dolores son de parto. La palabra griega utilizada lo significa.

¿Cual es ese parto que falta y que ha de dar paso al cumplimiento completo de la profecía?

Entendamos una cosa: incluso dentro de la mente hay partos. Permitidme un ejemplo que será el proceso de entender un chiste. No importa si ya lo he contado aquí, no pretendo hacer reír, sino analizar su comprensión: Suena el teléfono, descuelga un niño.
- (muy bajito) Dígame
- (fuerte) ¿Está tu papá?
- (muy bajito) Sí.
- (fuerte) ¿Se puede poner?
- (muy bajito) No
- (fuerte) ¿Y tu mamá?
- (muy bajito) Sí.
- (fuerte) ¿Se puede poner?
- (muy bajito) No
Podemos decir que la mente está ahora en una situación incómoda, "embarazosa". ¿Cómo puede ser que estén y ninguno de los dos se puedan poner?. Sigue el chiste: - (fuerte) ¿Qué hacen?
- (muy bajito) Me están buscando.
Ahora nos reímos. Hay como una explosión de felicidad después del alumbramiento de la mente. Se ha entendido una idea. Se ha "concebido una palabra". Se la puede expresar, se puede "alumbrar una palabra", ya podemos "contar el chiste",

El parto doloroso que traerá todas las bendiciones de la profecía de Miqueas es la conversión de Israel, a la que seguirá la del mundo entero. El pueblo judío concebirá a Cristo por la fe, y lo dará a luz con grandes dolores por la pública profesión de fe. La profecía de Isaías sigue así: "¿Es dado a luz un país en un solo día? ¿O nace un pueblo todo de una vez? Pues bien: Tuvo dolores y dio a luz Sión a sus hijos" (Isaías 66, 8b). Pero antes tenemos que padecer los dolores del parto. Son la amargura en la que se convierte la dulzura del Apocalipsis.

Cuando Santa Teresita, en la carta a su hermana mayor Sor María del Sagrado Corazón, explica la lista de sus vocaciones, antes de resumirlas todas en el amor, termina con esta: "Al pensar en los tormentos que padecerán los cristianos en tiempo del anticristo, mi corazón salta de gozo, y desearía que me fueran reservados tales tormentos".

Para poder sobrellevar esto, podemos encomendarnos a la oración que Santa Teresita pone al final de la explicación de su caminito: "Te suplico que abajes tu mirada hacia un gran número de almas pequeñas. Te suplico que escojas una legión de pequeñas víctimas dignas de tu amor".

Santa Teresita se ofreció como víctima al Amor Misericordioso. Dios cumplía siempre los deseos de Santa Teresita, que quería pasar su cielo haciendo bien en la tierra, y nos prometió una lluvia de rosas. Son sus pétalos los que ahora florecen en la devoción a la Divina Misericordia.

Sólo así, siendo almas pequeñas abandonadas a la Divina Misericordia, es como podemos confiar en que, cuando veamos agudizarse esos dolores, levantaremos nuestras cabezas con la alegría de que se acerca nuestra salvación y liberación.
Manuel Ma Domenech I.


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