Informática, Trinidad, y el uso de los colores

El decubrimiento del nexo entre la Trinidad y la Informática fue de esta manera.

Hace algunos años, estaba mirando un anuncio de un microprocesador que exponía muy visiblemente los cuatro buses de address, data, control y power. Hacía tiempo que me había dado cuenta de que, en la ontología de la cibernética, el control y la energía tenían que considerarse conjuntamente. Para otro trabajo había escrito:


       La técnica moderna trabaja prolijamente con la combinación de una serie de dispositivos que permiten la amplificación de señales. Esta amplificación hace posible la construcción de sistemas autocontrolados, y éstos permiten el funcionamiento de todos los servomecanismos que distinguen las máquinas modernas de las del principio de la era de la industrialización, que sólo se limitaba a aprovechar la energía natural de diversos modos.(*) El hombre con su trabajo no crea, controla. Hoy las máquinas ayudan incluso a controlar. Esto, dicho sea de paso, destruye el mito de que todo valor es fruto del trabajo del hombre. Por eso se complementan el capital y el trabajo.
(*) "Laborem exercens". JUAN PABLO II. 5 y 12.


       Es importante caer en la cuenta de que esos dispositivos son una prueba patente de que las influencias exteriores no determinan los acontecimientos que se desencadenan en un subsistema, como se demuestra en el comportamiento de los autocontrolados.


       Buscando, desde un punto de vista filosófico cuál es el fundamento de la amplificación, lo encontramos en el mismo Santo Tomás cuando expone sencillamente el hecho de que la causa del movimiento es doble: o bien es el que infunde la forma, o el que quita el obstáculo. Las citas son numerosas además de la ya vista.(*) La causalidad indirecta o accidental es la remoción de obstáculos.
(*) Suma Teológica I q85 a5s.


       En toda amplificación tenemos una tendencia natural que es obstaculizada de alguna manera. El control de esta obstaculización por medio de una señal puede provocar una señal mayor en la satisfacción de la tendencia controlada y motora. La causalidad accidental que es la remoción de obstáculos es el fundamento ontológico de la amplificación de señales. La amplificación es posible porque para la remoción de obstáculos se necesita menos energía que la que es capaz de dar el movimiento producido por la remoción y que procede de lo que en electrónica se llama fuente de alimentación.


       Lo importante es que ese control se ejerce por medio de una coincidencia, y las coincidencias no tienen causa propia. Por ello no puede determinarse desde el exterior el futuro de un subsistema, y pueden construirse de hecho, sistemas autocontrolados que se autorregulan precisamente al contrario de las presiones ambientales.


       El mismo principio de indeterminación de Heisenberg se explica físicamente porque cualquier parte del universo, por pequeña que sea, no puede quedar determinada en sus reacciones futuras desde el exterior. Por eso parece que actúa espontáneamente. De ahí que no queda otro remedio que la aplicación de la estadística en el estudio del microcosmos.


       En cualquier subsistema los fallos y roturas ocasionados por coincidencias también ejercen una especie de control sobre lo que no está organizado. Por eso cualquier causa natural puede fallar por la coincidencia de un obstáculo en la consecución de su fin.


       La biología moderna es cada vez más consciente de la gran cantidad de subsistemas autocontrolados que se dan en los seres vivos. La misma vida vegetativa se explica ahora por el control catalítico que ejercen unas partes del animal o planta sobre otras.(*) Por eso sigue siendo luminosa aquella sentencia de Santo Tomás: "La forma no mueve al cuerpo vivo, sino que lo perfecciona para que se mueva".(*) La forma viva no mueve al cuerpo como la inteligente, sino que lo perfecciona para que se autocontrole.
(*) "Bioquímica". ALBERT L. LEHNINGER. Omega 1972, introdución parte 3.
(*) Contra Gentes. libro 2, cap. 83. B.A.C. no94.

Es decir, porque en toda amplificación hay una energía controlada, y porque en todos los circuitos electrónicos básicos del microprocesador hay amplificación, pensé que los buses de power y control eran el mismo y los pinté de color rojo. Para los busses de datos y direccionamiento utilicé el amarillo y el azul respectivamente.

Por aquel entonces había leído en el libro(*) "El Pensament de Gaudí" que el gran Antonio Gaudí, que, al fin de su vida, dedicó todo su arte, su anhelo y su ciencia a la construcción del templo de La Sagrada Familia, una Trinidad en la Tierra, como veremos más adelante en los capítulos dedicados a la Trinidad, solía representar el misterio trinitario con tres colores: rojo, amarillo y naranja.
(*) ISIDRE PUIG-BOADA. "El Pensament de Gaudí". Col-legi d'Arquitectes de Catalunya. Editorial La Gaya Ciència. Barcelona 1981.

"Els «Sanctus, Sanctus, Sanctus...» ordenats helicoïdalment van dedicats, de tres en tres, al Pare, al Fill i a l'Esperit Sant. El primer, dedicat al Pare, serà groc, que és el color que més bé representa la llum; el segon serà taronja, dedicat a l'Esperit Sant, i el tercer, dedicat al Fill, serà vermell, que és el color que la litúrgia usa com a símbol del martiri. L'Esperit Sant va al mig perquè és la comunicació entre el Pare i el Fill, i per això és del color resultant dels altres dos. Cada un d'aquesrs tres colors destacarà damunt dels compñementaris: morat, blau i verd, i seran opacs (pintats amb terres). Hi aniran unes estrelles pintades d'alumini, que ressisteix les oxidacions, damunt de fons blanc. Això hi donarà vida.

Aquestes inscripcions seran com una cinta helicoidal que s'enfilarà per les rorres. Tothom qui les llegirà, adhuc els incrèduls, entonarà un himne a la Santíssima Trinitat a mesura que vagi descobrint l seu comtingut: el «Sanctus, Sanctus, Sanctus...» que, tot llegint-lo, li conduirà l'esguard al cel".

A mí me pareció más apropiado emplear el azul, el amarillo y el rojo.

¿Cómo puedo atreverme a modificar una decisión de Antonio Gaudí? Él pone el amarillo en la luz del Padre y yo voy a ponerlo en la luz del Hijo. Viene en mi ayuda San Bernardo, quien en su IV sermón para la Vigilia de Navidad dice:

"Piensa en el Padre como manantial; de él nace el Hijo y procede el Espíritu Santo. Asigna la luz al Hijo, resplandor de vida eterna y luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene a este mundo. Refiere la paz al Espíritu Santo, que se posa preferentemente sobre el pacífico y sencillo. No quiero decir con esto que estas propiedades sean exclusivas de cada una de las personas. El Padre es también luz, para que el Hijo sea luz de luz. El Hijo es paz, es nuestra paz, pues hizo de dos pueblos uno. Y el Espíritu Santo es manantial de agua que salta, dando una vida sin término".

Como ya había concebido que, en lo finito, el papel de todo padre se complementa con una madre o materia pensé atribuir al Padre el color azul por la Maternidad Universal de María en el orden de la Gracia y por el hecho de que la piedad poética popular ve en el azul del cielo el color de su manto. Relacioné el amarillo, el color para el cual el ojo humano tiene la máxima sensibilidad y se nos aparece como más luminoso, con el Hijo, Verbo de Dios, y el rojo, el color del fuego, motor de todas las máquinas térmicas, con el Espiritu Santo, que es Señor y dador de vida, es decir de movimiento en lo finito. Aunque me preocupaba que, como el P. Alba había dicho un día, la devoción al Espíritu Santo que tiene la Iglesia en oriente es lo mismo que la que tiene la Iglesia en occidente y como está claro que en la Sagrada Familia, María desempeña un papel que mejor se puede atribuir al Espiritu Santo, parece que el color azul de María no estaba bien indicado para los aspectos materiales correlacionados con la paternidad. Me quedé tranquilo cuando pensé que las cosas materiales también tienen medida, número y peso y que la materia como medida se puede apropiar al Padre, pero como peso, al Espíritu Santo. Como materia anhelante, como Madre de la Gracia, por lo que ha venido en llamarse su Omnipotencia Suplicante, María se complementa con el Espíritu Santo. Pero a la materia como modo, medida, matriz o molde, se la puede referir al Padre y, por eso, dar a los aspectos ontológicos el color azul.

Considerando estas cosas entendí la devoción a la Virgen del Rocío y por qué es tan grande y extendida

. . .

Así que, como he dicho yo preferí esos colores: azul, amarillo y rojo.

Entonces estuve mucho tiempo coloreando los tres conceptos de direccionamiento, datos y control, en todos los manuales que por mi trabajo tenía que manejar. Pintaba muchas cosas con los tres colores. Por ejemplo, las tramas de SDLC. En nuestro laboratorio estábamos entonces desarrollando SNA y SDLC para ordenadores personales en oficinas bancarias. Así me fui confirmando en la idea de que estos eran los tres conceptos básicos en todo sistema: direccionamiento, datos y control, y de que no hay, en el fondo, nada más que esto. Todo podía pintarlo con los tres colores y todo quedaba pintado con uno de los tres. No había nada más.

Así me confirmé en la idea que había tenido en un momento de síntesis que todavía no he explicado, es decir, lo que me hizo relacionar los tres buses de dirección, datos y control con la Santísima Trinidad.

Durante mis años de estudiante de ingeniería, preparándome en la Academia Febrer de Barcelona, me había fijado que en el altar de su capilla habían escritas estas palabras: "Ego sum Vía, Veritas et Vita" que Jesucristo pronunció durante el sermón de la Cena. Pues bien, mirando los tres buses del microprocesador me vino a la memoria esta frase y entonces se me asociaron el camino con el bus de direccionamiento, la verdad con el significado de los datos y la vida con la energía que impulsa los procesos.

Fuí entonces a releer el sermón de la cena y me encontré que Jesús se refirió al camino para ir al Padre, a que nadie conoce al Padre si no es por Él, y a que tenía que irse para enviar al Consolador. Entendí en el sermón de la cena una intención trinitaria que me confirmó en la correlación de la base de la informática con el vestigio de semejanza con el misterio trinitario que hay en todas las cosas según Santo Tomás. Me di cuenta de que había encontrado una escalera analógica que me permitía subir y bajar de las cosas a Dios y de Dios a las cosas, sin violentar la Fe de mi Bautismo ni la ciencia de mi profesión.

. . .

Manuel Ma. Domenech I.



Camino(s) ascendente(s):