La imagen de la bestia

Cartas a mis ahijados

La imagen de la bestia

Barcelona, mayo de 1997

Es encantador constatar que, hace más de mil años, San Beato de Liébana dijo que la Gran Ciudad del Apocalipsis, donde han de ser martirizados los dos testigos y luego resucitar a los tres días y medio, se refiere a toda la Iglesia, porque no puede ser que signifique Jerusalén, ya que así sería imposible que ésto lo vieran todos los habitantes de la tierra, y que además se enteraran en menos de cuatro días de su resurrección.

A medida que avanzan los siglos, tenemos más perspectiva histórica para interpretar mejor las profecías. Aunque no acabaremos de entender perfectamente las Sagradas Escrituras hasta que las veamos cumplidas en la eternidad, cada vez hay más cosas que, "cuando las vemos suceder, recordamos que ya se nos habían dicho". No como profeta sino como profesional de la informática, veo, ya cumpliéndose, aquellos versículos apocalipticos que dicen: "harán una imagen de la bestia, y le darán vida, llegando a ser capaces de hacer que la imagen hable".

Hace más de quince años, que vi en Londres un ordenador personal, que pronunciaba todo lo que se le escribía en inglés. Por aquel entonces se decía que lo realmente difícil era lo contrario, es decir, que el ordenador escribiera lo que se le hablaba. Hoy hay en el mercado programas de dictado para captar la voz de sus amos, que ya no tienen ni siquiera necesidad de entrenamiento previo. Pronto todos usaremos ordenadores que hablarán, y hasta podremos escoger el timbre de voz, pero ya hace algunos años, que se usa esta técnica para dar avisos en las estaciones de ferrocarriles y aeropuertos, o decir por teléfono el saldo de una cuenta en un banco. Ya hay ordenadores que escuchan, y que contestan. Dentro de pocos años tendremos esto totalmente popularizado.

La TV mete en las casas de los que la tienen una imagen del mundo y de la historia que no es verdadera, pero que sí podría imaginarse como una imagen de la bestia sociopolítica anticristiana, y también juntamente del falso profeta, que es la segunda bestia del Apocalipsis. Sin embargo, esto no es nada, comparado con lo que será, dentro de muy poco, el llamado "Network Computer" u ordenador de red, puesto en todos los hogares. Vendrá a ser, como si pusiéramos en una sola caja el televisor, el ordenador y el teléfono. Con este aparato se tendrá la televisión de lo que se quiera, con toda la potencia de todos los ordenadores del mundo juntos, metido en casa a través del teléfono. Podremos ver un partido de fútbol desde la cámara que escojamos, oir una pieza musical elegida en catálogos completos de cualquier autor, imprimir páginas de un archivo histórico, o tener la foto de la pintura preferida del museo más remoto.

En 1980 había, en Heidelberg (Alemania), un centro científico, que hacía experimentos con un sistema de base de datos, que respondía preguntas escritas en lenguage natural, tanto en alemán, como en inglés o español, acerca de un tema cerrado, como vuelos en aeropuertos, o sobre clases y horarios en una universidad. Hoy hay en marcha proyectos, que trabajan sobre las maneras de interconectar estos sistemas, por medio de protocolos estándares (KIF Knowledge Interchange Format), de manera que, desde cualquier ordenador de la red mundial, se pueda preguntar cualquier cosa documentada en cualquier otro sistema de dicha red. Si ésto se puede ya hacer de viva voz, y la red puede contestar igual, es que los hombres ya somos capaces de "hacer una imagen de la bestia, y darle vida hasta hacer que hable".

Es jocoso ver, que los racionalistas anticlericales del siglo pasado combatían contra la verdad de las Sagradas Escrituras, diciendo que profetizaban cosas imposibles. Pero impresiona ver, que lo que ahora está empezando a suceder, es, precisamente, lo que está profetizado desde hace 2000 años. Tengo en casa una revista de "software", con un artículo titulado: "Hagamos una imagen". Lo más asombroso es, que el siguiente artículo se titula precisamente: "¿Hablamos con las máquinas?". Parece como si quisieran, expresamente, cumplir las Escrituras.

No nos toca a nosotros saber los tiempos que el Padre ha determinado, pero por mi experiencia profesional, sin don de profecía, veo inminente todo eso de que pronto hablemos de viva voz con la red mundial de ordenadores multimedia. Y que ésto seducirá a las gentes. Y que, con el cada vez más abundante dinero electrónico y las técnicas de identificación personal, nadie podrá comprar ni vender, si no lleva la marca de la bestia en la mano o en su frente. Poco vivirá quien no lo vea.

Un fuerte abrazo de tu padrino:


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