"Aseguro que la sierva de Dios, la R. M. Sor Ángeles Sorazu, poseía en su preciosa alma y su grande espíritu, la virtud de la fe más viva y ferviente, siempre estaba haciendo actos de fe, esperanza y caridad, y un amor grandísimo a todos los misterios nuestra santa fe, pues su espíritu siempre andaba unido a los misterios que celebra Ntra. Santa Madre la Iglesia, y celebraba sus fiestas con grande fervor, preparándose para ellas con obras espirituales que ella hacía o invitaba a algunas de sus hijas.
Yo sólo puedo decir que para celebrar la fiesta del nacimiento de N. Señor Jesucristo, tenía todos los responsorios y antífonas de Adviento escritas, y las traía consigo para decirlas con frecuencia, y estaba deseando llegara ese día, así que cuando llegaba la noche buena estaba toda llena de Dios N. Señor, y con deseos grandes de verle nacido, y nos echaba una plática a la Comunidad, preparando nuestros espíritus para recibirle con fervor y una fe tan viva que parecía tenía los misterios patentes a su vista, y nos decía unas cosas tan divinas, que a todas nos dejaba enfervorizadas para recibir bien la venida de Ntro. Sr. Jesucristo. Así que con esa preparación rezábamos el oficio divino (que ese día lo rezamos a las 12 de la noche) todas endiosadas, y deseando el momento de la sagrada Comunión para unirnos más y más con Dios Nuestro Señor, y después de la misa, y Laudes, pasábamos parte de la noche cantando y tocando al Divino Niño, y después íbamos todas en procesión con el Divino infantito, por todo el Convento con todos los instrumentos pastoriles, así que pasábamos una noche feliz, y cuando el Sto. Padre [San Pío X] prohibió los instrumentos, ella enseguida los dio, pero como aquella función era sola para nosotras, y sin instrumentos estaba muy soso, nos íbamos a la cocina, cogíamos almireces, tapas, o lo que más nos convenía y con ellos íbamos dando música al divino niño Jesús, así pasábamos la noche buena." (Testimonio de Sor Concepción Prendes)
La misma M. Ángeles se refiere a su memorización y meditación de los responsorios y antífonas de los oficios de la Liturgia de Adviento y Navidad, en el siguiente párrafo de la autobiografía:
"Sabía de memoria todas las antífonas, capítulos y responsorios de los oficios de Adviento, de la vigilia y Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, a fuerza, sin duda, de repetir su lectura y meditación, que fue una de las devociones que más y mejor practiqué y me reportaron mayores frutos de virtud y consolación espiritual." (Autobiografía Espiritual n.329)
Para alimento de nuestra propia vida de oración en el tiempo de Adviento, nos complace transcribir a continuación un texto inédito sorazuano sobre la Encarnación del Verbo. Ofrecemos a los lectores un pasaje relativo al significado del tiempo de Adviento y la reflexión sobre las antífonas del Magnificat que rezamos en los tres días inmediatamente precedentes a la celebración de la Natividad del Señor:
Prepárate como nunca para recibir al que la Santa Iglesia nos anuncia cuando nos dice: Regem venturum... [Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle]. ¿Qué cosa más natural que una reina se disponga a recibir a su Rey, que una esposa se disponga a recibir a su Esposo? Acaso, ¿Jesús no es tu Rey, tu Padre, tu Esposo, tu Amor, tu Todo? Pues este tu Todo no sólo va a venir para ti sino que ya está muy cerquita: Prope est jam. Sí, ya está muy cerquita ¿no le ves ya como viene saltando por los montes y brincando por los collados, ecce iste venit saliens in montibus, transiliens colles [Cant 2,8]? ¿Cómo no te levantas y vas a su encuentro buscándole por todas partes, por calles y plazas: surgam et circuibo civitatem, per vicos et plateas quaeram quem diligit anima mea [me levantaré y recorreré la ciudad, por calles y plazas buscaré al que ama mi alma (Cant 3,2)]? [...]
[...] Y ¿no es verdad que tú ansías vivir siempre en la verdad, ser iluminada con la esplendorosa luz que sale del trono de Dios, que proviene del mismo Dios y poseer al sol de justicia para que te ilumine mientras caminas por este mundo de tinieblas y después para siempre en el mundo de la sempiterna luz? Pues, he aquí que tu deseo va a ser satisfactoriamente cumplido; pero quiere que tú con la Iglesia le digas con todas veras: O Oriens splendor... [Oh sol que naces de lo alto, resplandor de la luz eterna, sol de justicia, ven a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte (antífona del 21 de diciembre)].
Y ¿no quieres tú que el Rey verdadero venga a reinar sobre tu corazón y que el deseado de tu alma se apodere y tome posesión de ella, para que apoyada en esa piedra angular estés segura y firme y te pierdas en Él y de los dos quede hecha una sola cosa? ¿No deseas tú que ese barro de que fuiste formada sea divinizado y (en cierto sentido) elevado a la categoría de Dios, como lo fue el del Verbo Encarnado? Pues, a eso viene Jesús. pero también quiere que lo desees con todas veras y le digas sin cesar: O Rex gentium et desideratum... [Oh Rey de las naciones y deseado de los pueblos, piedra angular de la Iglesia, que haces de dos pueblos uno solo, ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra (antífona del 22 de diciembre)].
Y ¿no ansías que Dios se te entregue todo y que el verdadero Emmanuel se deposite en tu alma y esté contigo, y que el Rey de Israel impere en tu corazón y que el Legislador legisle y mande a todas las gentes que no turben el sueño de su esposa, y que Él, que es la esperanza de las naciones, satisfaga el hambre y sed que tienes de la vida de Dios, y que el verdadero Salvador salve y arranque tu alma de todo lo que no es Dios Uno y Trino? Pues, da gracias a tan gran bienhechor, que ya está cerca, muy cerquita, el día que tus deseos van a ser cumplidos; pero, mientras dile mil y mil veces: O Emmanuel Rex... [Oh Emmanuel, rey y legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ven a salvarnos, Señor, Dios nuestro (antífona del 23 de diciembre)] [.]." (Del opúsculo inédito: Encarnación del Verbo)
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