BOLETIN Julio de 2009

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EL AMOR DE LA M. SORAZU AL CORAZÓN DE JESÚS 

   El pasado 21 de junio tuvo lugar en el Cerro de los Ángeles, en las proximidades de Madrid, una renovación de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, al haberse cumplido el 30 de mayo los noventa años de la que efectuó el Rey Don Alfonso XlII en coincidencia con la inauguración del primer monumento nacional al Sagrado Corazón, monumento que había de ser destruido en 1936 por la barbarie roja. Aquel magno acontecimiento fue la culminación de una serie de actos de ámbito familiar, promovidos por la Obra de Entronización del Divino Corazón en los hogares, fundada en España a principios de 1914 por el peruano P. Mateo Crawley, SS. CC.

   Con tal motivo nos place recordar en este número la solemne entronización del Sagrado Corazón de Jesús efectuada el 18 de octubre de ese mismo año 1914 en el convento de La Concepción de Valladolid, que se sumaba así a aquel fervoroso movimiento popular suscitado por el P. Crawley.

   La M. Sorazu, Abadesa de La Concepción, no podía ser ajena a la devoción al Corazón de Jesús, ni por la época en que vivió, ni tampoco como concepcionista franciscana. En efecto, en 1856 el Beato Pío IX había extendido la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús a toda la Iglesia y, ya en vida de la Sierva  de Dios, en 1889 León XIII elevó la fiesta a rito de primera clase y en 1899 el mismo Papa ordenó que el día 11 de junio fuera efectuada la Consagración del género humano al Sagrado Corazón, “símbolo e imagen sensible de la caridad infinita de Jesucristo”, cuyo “poder e imperio sobre los hombres” se ejercen “por la verdad, la justicia y, sobre todo, por la caridad” (Encíclica Annum sacrum). Por otra parte, las síntesis doctrinales del pensamiento franciscano brotan de las palabras de San Pablo relativas a Jesucristo: “Él debe tener en todo la primacía” (Col 1,18). Y al título intrínseco de primacía o realeza sobre todas las cosas que Jesucristo posee por ser el Verbo Encarnado, se añade el que le confiere la oblación de su sangre en el Calvario, por la cual la realeza de Cristo se manifestó al mundo en una realeza de amor.

      En la autobiografía sorazuana hallamos elocuentes testimonios de la devoción de la Sierva de Dios al Corazón de Jesús. El primero de ellos va unido a su conversión a los 16 años:   

   “Mi conversión fue obra del Corazón de Jesús, Misericordia divina encarnada, y como obra del dulcísimo y clementísimo Corazón de Jesús […] todo se consumó en el gozo y la confianza, en el amor y la gratitud, nada de rigores, complaciéndose Jesús en manifestarme la infinita suavidad de su Corazón hasta en la confesión y la penitencia, pues esta no pasó de tres Ave Marías” (Aut. Esp., n.20).

   La conversión se produjo a raíz de una reprensión de la madre de Florencia - nombre en el siglo de la Sierva de Dios - por llegar ella con retraso de una romería efectuada en un pueblo vecino. Ello motivó que tres días después la chica asistiera a una reunión de beatas o jóvenes piadosas, entre las cuales había una “sólidamente virtuosa”, a la que se refiere ella cuando afirma:

   “… he dicho que mi conversión fue obra del Corazón de Jesús porque supe después por la beata de referencia que, al verme en la reunión, me había encomendado al sacratísimo Corazón para que me aceptase por su esposa” (Aut. Esp., n.20).

   Desde ese momento, dice ella, “vivía sólo para Dios, buscaba su  voluntad y conocida la cumplía”. Y el primer medio de santificación que la voluntad de Dios le impuso “fue la devoción al sacratísimo Corazón de su Divino Hijo”, por lo que, tras hacer confesión general,  a los dos días de la expresada reunión se inscribió en el Apostolado de la Oración, y poco después empezó “a conquistar almas para el sagrado Corazón” (Aut. Esp., n.21-22). Cuando, dos años más tarde, Florencia ingresó en el convento de La Concepción de Valladolid llevaba consigo una pequeña imagen del Corazón de Jesús, que le había regalado su amiga Encarnación Vidal, y continuó en el claustro la devoción que en el siglo profesaba al sagrado Corazón (cfr. Aut. Esp., n.69). Y, entre los libros que usaba en el noviciado, menciona ella el Arnoldo (cfr. Aut. Esp., n.70), que es una devotísima obra, titulada De la imitación del Sagrado Corazón de Jesús, escrita en latín por un jesuita belga, el P. Pedro Aernoudt, fallecido en 1865, y que, traducida a diversas lenguas, tuvo una gran difusión en la segunda mitad del siglo XIX.

      Al referirse la Madre Sorazu en la autobiografía al año 1905, menciona repetidas veces a la Beata Margarita María de Alacoque (1647-1690), favorecida en Paray-le-Monial por las revelaciones del Corazón de Jesús y que había de ser canonizada por Benedicto XV en 1920, el año anterior a la muerte de la Madre Ángeles. No nombra la Sierva de Dios en ese lugar explícitamente al Corazón de Jesús, pero se refiere a Él, al hablar de quien había sido su confidente:  

   “El día 16 de octubre, al tiempo de acostarme, de repente, me vi favorecida con la presencia de mi Dios Humanado en la celda […]. No le había visto nunca tan grande y rico en bondad y amor. En Jesús […] aprehendí a la B. Margarita Alacoque como presente […]. En la historia de las relaciones establecidas entre Jesús y la Beata, leí mi vida íntima, muchas de las gracias que me había dispensado el Señor desde mi nacimiento, y mi ingrata correspondencia, la que formaba contraste con la fidelidad de la Beata Margarita. Jesús se mostraba afabilísimo y propicio a favorecerme, pero cuanto era mayor su bondad, más me afligía y lloraba mis ingratitudes, de las que tuve un dolor intensísimo. Después de haberme mostrado los dones que me había concedido y los rasgos de semejanza que en virtud de los mismos tenía con la Beata […], Jesús me requirió para que continuara su obra en el mundo manifestando a los hombres las riquezas de bondad y misericordia que atesora su divina Persona Humanada […]. Desapareció la visión, y al día siguiente, cuando supe que era la fiesta de la Beata - por una religiosa que lleva su nombre -, me quedé maravillada de ver cómo honra Jesús a sus esposas en su fiesta […]. Con motivo de esta visión se acentuó el afecto y devoción que profesaba a la B. Margarita” (AE, n.429).

   Otro confidente del Corazón de Jesús, que aparece nombrado en los escritos de la Madre, fue el Vble. P. Bernardo Francisco de Hoyos (1711-1735), que será beatificado, Dios mediante, en Valladolid el mes de abril del año próximo. Fue obra de la Divina Providencia que la joven Florencia ingresara en el convento de La Concepción de Valladolid. Y es de señalar que este está situado enfrente del templo de San Miguel, que perteneció a la Compañía de Jesús hasta que los jesuitas fueron expulsados de España en 1767. Asociado a ese templo se hallaba entonces el Colegio de San Ignacio, en el que falleció el Vble. P. Hoyos, favorecido con la promesa del Reinado del Corazón de Jesús en España.

      Que la Madre Sorazu conocía esa promesa consta por la extensa Crónica de la Entronización del Corazón de Jesús, documento inédito en el que ella como abadesa relató los actos que tuvieron lugar por ese motivo en el monasterio de La Concepción: solemne novenario que precedió a la entronización, efectuada el 18 de octubre de 1914, y las visitas y homenajes subsiguientes, que culminaron el 26 de octubre con un “acto de consagración al Deífico Corazón de Jesús”. Leemos en la Crónica que, ante la dificultad que suscitó el hecho de ocupar la Virgen María, como Abadesa perpetua, la silla prioral,

   “… siguiendo el consejo del R. P. Marcelino de la Paz, acordó la Comunidad […] colocar un cuadro del Corazón de Jesús en la silla prioral del coro, encima de la Santísima Virgen o parte superior del respaldo […] para que reine el Hijo en unión de la Madre, pues no sabemos separar a la Madre del Hijo ni al Hijo de la Madre”.

   ¿Quién era el P. Marcelino de la Paz? Fue quien, con motivo del proceso diocesano de la Causa de Beatificación y Canonización del P. Bernardo de Hoyos, dirigió infructuosamente a fines del siglo XIX las excavaciones en el templo de San Miguel con miras a localizar su sepultura. Por consiguiente, las religiosas de La Concepción habían de conocer bien las revelaciones hechas por el Corazón de Jesús al P. Bernardo de Hoyos con su promesa de reinar en España. Y la misma crónica lo confirma cuando dice que, en la víspera de la entronización, “de improviso la organista ejecutó con santo entusiasmo el hermoso himno dedicado al Venerable P. Bernardo Francisco de Hoyos”.

   El entusiasmo que los actos organizados con motivo de la entronización suscitaron entre las religiosas de La Concepción es patente en la Crónica, en la que leemos que la imagen del Corazón de Jesús fue adornada con unas cintas con vivas a Jesús como Rey, en una de las cuales figuraba escrito: “Viva el Rey triunfador del mundo y del demonio, triunfad de nuestros corazones, y reinad en España con mayor veneración que en ninguna otra parte”, palabras en las que reconocemos la promesa de reinado en España del Corazón de Jesús, con la que fue agraciado el P. Hoyos.

   Para estimular a nuestros lectores a la imitación de la M. Sorazu en el amor al Corazón de Jesús, “ingratamente correspondido” por los hombres, y con el firme deseo de que la recientemente renovada Consagración de España se traduzca en una personal Consagración de todos y cada uno de nosotros al Divino Corazón, transcribimos ahora algunos pasajes de la autobiografía sorazuana que pertenecen al capítulo inmediatamente siguiente a la narración de la visión sobre Santa Margarita María de Alacoque.      

   PÁGINAS AUTOBIOGRÁFICAS

  “Veía al Amor ingratamente correspondido y gravemente ultrajado de sus queridos hijos los hombres, a quienes buscaba para colmarlos de bienes, cuyos ultrajes e ingrata correspondencia sentía por los males que se acarreaban y bienes de que se privaban, porque el amor que sentía por ellos producía en Dios un ardiente anhelo de hacerles partícipes de su gloria y felicidad. […]. En Dios Humanado no veía más que agonías de corazón, penas y sufrimientos, lo que me producía efectos dolorosísimos” (Aut. Esp., n.432).

  “En cualesquiera de los misterios y episodios de su vida en que buscaba al Salvador, o contemplaba, le veía siempre padeciendo, angustiado el Corazón a causa de la ingrata correspondencia de los hombres” (Aut. Esp., n.433).

  “…la inmensa mayoría de las almas que viven en el mundo, con sus malos procederes e ingrata correspondencia, reproducen continuamente la santísima Pasión de Dios Humanado, cuyo corazón de fuego choca de continuo con el frío glacial que reina en el mundo, a quien nada interesa menos que la gloria de nuestro Amantísimo Dios Salvador” (Aut. Esp., n.435).

  En ese mismo capítulo de la autobiografía la M. Sorazu anotó algunas quejas del Señor, como las que siguen:

  “¡Mis queridos hijos (los hombres) no me quieren!, mis amados, muy amados, tierna, infinita y eternamente amados, ¡no responden a mis solicitudes!, ¡no corresponden a mi amor, a mi ansia infinita de favorecerles! […] en su inmensa mayoría viven lejos de mí, no me aman ni me conocen, y en lugar de reconocimiento me infieren agravios […]” (AE, n.433).

  TEXTOS PARA LA ORACIÓN

  “Oh, gran Señora, Madre de Dios y Madre mía: Vos que, no obstante ser digna de que vuestro Divino Hijo Sacramentado permaneciera en vuestro Corazón habitualmente, la noche que precedía a la Sagrada Comunión la empleabais casi toda en oración, en prepararos y adornar con nuevos actos de virtud vuestra alma santísima1, para que fuese digno alcázar del Hijo de vuestras entrañas, enseñadme lo que he de hacer para prepararme para la Comunión, y ayudadme, Madre mía, a adornar el humilde alcázar de mi alma, donde quiere hospedarse el Rey de la gloria, el Unigénito del Padre, vuestro Hijo mi Señor, en unión del Padre y del Espíritu Santo. El tiempo corre, la hora se acerca, sólo diez horas faltan para la Comunión, el acto más transcendental de mi vida. Ayudadme, Madre mía, a disponer de próximo mi alma para recibir a tan soberano y divino Huésped, y mandad a los Ángeles y Santos para que me ayuden también.

      Señor mío y Dios mío, yo no veo mejor manera de prepararme para recibiros que barrer la casa de mi alma, vaciar la misma, arrojando todo lo que hay en ella desagradable a vuestros ojos, contrario a vuestra Bondad, y adornarla con vuestras mismas virtudes y perfecciones divinas, apropiándome estas mediante el amor de complacencia con que me gozo en vuestra felicidad, más, guardar vuestra palabra. Así lo haré, Dios mío, en esto emplearé el tiempo que resta de la noche y de la mañana hasta la Comunión, llena de reconocimiento a vuestra Bondad infinita, que así honra a sus criaturas, y de entusiasmo religioso por la dicha que me espera. Y Vos, Dios mío, Amador infinito de las almas, con mayor entusiasmo todavía, vendréis a mi alma, y estableceréis en mí vuestra morada, en cumplimiento de vuestra palabra: “Si quis diligit me, sermonem meum servabit, et Pater meus diligit eum, et ad eum veniemus et mansionem apud eum faciemus”. Si alguno me ama, guardará mi palabra y mi Padre le amará y vendremos a él y haremos mansión en él [Jn 14,23]. Inclinad, Jesús mío, la Bondad de Dios Padre hacia mi alma para que me ame. Forzad al Espíritu Santo a que se enamore de mí y me ame también. Y en unión del mismo Dios Padre y Espíritu Santo, venid a mi alma, saltando por los montes, y brincando por los collados, no mañana, sino en este mismo momento, tantas veces, cuantos son los instantes que comprende el tiempo que resta hasta la Comunión. Más todavía. Venid constantemente, sin interrupción, estableced vuestra morada en mi alma y preparadme Vos mismo para la Comunión”.

(Oración inédita: A María)   

   NOTICIAS

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DONATIVOS  PARA  LA  CAUSA

Alfaro: Concepcionistas Franciscanas. Aracena: Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Aranjuez: Concepcionistas Franciscanas. Ávila: Concepcionistas Franciscanas. Barcelona: anónimo (dos veces). Benicarló: Concepcionistas Franciscanas. Burgos: Mary Cruz, agradeciendo y pidiendo nuevas ayudas. Cuéllar: Concepcionistas Franciscanas. Cuenca: Concepcionistas  Franciscanas. Getaria: Izaskun, implorando ayuda. Langhorne (USA): Hermanas Clarisas. León: Concepcionistas Franciscanas. Madrid: Concepcionistas Franciscanas (La Latina); Ana Merino, muy agradecida por los favores recibidos (dos veces).  Miedes de Aragón: Concepcionistas Franciscanas.  Peñaranda de Duero: Concepcionistas Franciscanas.  San Sebastián: Concepcionistas Franciscanas. ToledoConcepcionistas Franciscanas (Casa Madre). Tolosa: Encarna Lizaso;  Joaquín Tapia B.; Manuel A. Alargunsoro. Viveiro: Concepcionistas Franciscanas. Zaragoza: Concepcionistas Franciscanas;  María Abadía. Zarautz: M. Sorazu. Zumaia: Ana Marí Portela; Milagros de la Fuente Vargas; A. B.; M.L.O.; A. Ba.; X.X.; M.J.M.; A.Ba.; X.X.; M.L.O.; M.C.A.; C.A.; F.A.; A.B.; anónimo (todos los meses). Todos dan gracias y ruegan la protección de M. Ángeles Sorazu.

 

CONOZCA A LA MADRE SORAZU

AUTOBIOGRAFÍA ESPIRITUAL de la M. Sorazu, ed. de Fr. Luís Villasante OFM, Madrid 1990, 719 páginas. Precio: 10 euros.

OPÚSCULOS MARIANOS de la M. Sorazu, revisados y anotados por el P. Nazario Pérez SI, Valladolid 1928 (reedición facsímil), 274 páginas. Precio: 3 euros.

ÁNGELES SORAZU, UNA MARAVILLOSA EXPERIENCIA DE DIOS, biografía escrita por   Fr. Daniel Elcid OFM, Madrid 1986, 277 páginas. Precio: 7 euros.

EL CAMINO CRISTIANO SEGÚN ÁNGELES SORAZU, estudio escrito por Fr. Luís Villasante OFM, Madrid 1994, 495 páginas. Precio: 10 euros.

Pedidos a M. Abadesa Concepcionistas Franciscanas (véanse señas a pie de página)

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CORRESPONDENCIA ENTRE SANTOS, Correspondencia entre la M. María Ángeles Sorazu  y el P. Mariano de Vega, Capuchino, ed. de Fr. Daniel Elcid OFM, Madrid 1995, 1886 páginas.

      Pedidos a Centro de Propaganda PP Capuchinos 

Cervantes, 40 / 28014 MADRID / Telef. 91 429 32 66

 

Horario de la Capilla del Monasterio de La Concepción de Valladolid

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen. La capilla está abierta todos los días: por la mañana, excepto sábados, desde las 9 hasta las 14 h, y por la tarde, desde las 16,30 hasta las 20 h. La celebración de la Santa Misa tiene lugar de lunes a sábado a las 19 h., y los domingos y fiestas de precepto, a las 9,30 h. Hay Exposición Mayor del Santísimo durante el tiempo en que la capilla se encuentra abierta, con la sola excepción del tiempo de celebración de la Santa Misa.