Por la Causa de Madre Ángeles Sorazu

Por la Causa de Madre Ángeles Sorazu

Concepcionista Franciscana
Boletín informativo
2a época Núm. 4 Mayo de 2008

PÁGINAS AUTOBIOGRÁFICAS

"Cuando vivía en el convento de Jesús María(*), un día la M. Abadesa de las hermanas, señalando un cuadro que había en el coro y representaba un santo pensativo ante una imagen de la Virgen, me preguntó: ¿Qué estaba pensando el santo de referencia? Si es Buenaventura, como dicen (la contesté), me figuro que está consultando con nuestra Madre Pma. el Salterio que escribió en su alabanza. No, repuso la R. Madre, sino que piensa que la Virgen no le quiere y la está diciendo estas palabras: «¡Si me amaras como yo te amo!» ¡Pobrecito!, dije, ¡cuánto sufriría para decir eso a nuestra Madre que nos ama casi infinitamente! A fe que bien contento estará ahora en el cielo gozando el amor de la Señora en su plenitud.

Poco tiempo después de este coloquio [.] al ver que la Virgen no correspondía a mi afecto como antes, me querellaba también como S. Buenaventura, y puesta de rodillas delante del cuadro de referencia, le decía: ¡Si me amases como yo te amo! ¿Dónde está o qué habéis hecho del amor inmenso que vi arder en vuestro corazón hacia las almas y a mí pecadora, cuando os contemplé la primera vez en este cuadro? Nada me respondía la Virgen, pero en su silencio aprehendía yo que cuando viniera a esta santa casa gozaría de su amor y sus predilecciones como antes o mejor. No me equivocaba.

En el momento que penetré en este sagrado Claustro me vi libre de la terrible tribulación que padecía y hallé a mi Dios y a mi Madre bendita, a quienes parecía que había perdido hacía medio año. No es extraño que me sucediera esto, porque la simple memoria de los muchos y singulares favores que había recibido en esta santa casa me elevaba a Dios durante el trienio que viví en Jesús María. ¡Cuánto más el verme de nuevo entre las paredes que habían presenciado mis relaciones divinas!

Fui favorecida con una noticia general altísima de la Sma. Virgen, y en su virtud aprehendía la presencia de la Señora en una región de luz clarísima y elevada, especie de cielo, como Madre de Dios y Soberana de cielos y tierra. Con mi inteligencia la veía o comprendía muy excelsa, inefable, santa, casi divina, incomprensible a los ángeles y a los hombres, pero no podía distinguir ninguna perfección ni privilegio particular, fuera de su belleza y majestad soberana [.]. Como a su lado, aprehendía la presencia de la Sma. Trinidad, a quien tampoco podía distinguir porque se mostraba a través de una luz caliginosa. Asimismo aprehendía la presencia de los santos Ángeles que circundan el trono de la Virgen [.]. Su número incontable, y todos como absortos en Dios y en la Señora, observando sus divinas relaciones con asombro.

Esta noticia gozaba habitualmente [.] y tributaba a la Señora mis obsequios cada vez con más perfección. Con frecuencia, transitoriamente, gozaba la presencia de la Virgen como en el seno de Dios, o no sé cómo diga, cuando adoraba la Divinidad o esta se imponía a mi alma, como viva realidad presente en mi habitación. Otras veces gozaba de la presencia de Dios en la Sma. Virgen como si esta comprendiera al Señor en su seno. En este caso aprehendía a la Señora como una luz inmensa extendida por toda la Creación, especie de mundo espiritual o paraíso celeste. Ardía mi alma en el amor de la Sma. Virgen y en el celo de su gloria, y como chiflada recorría el convento muchas noches invitando a las alabanzas marianas a toda la creación, [.] diciendo: ¿Dónde está la Madre y Reina de mi corazón? Mirad que viene al mundo para repartir entre los mortales los tesoros divinos que Dios ha depositado en sus manos. Vámonos, salgamos a su encuentro cantando y brincando, pues Ella es nuestra Vida, nuestro consuelo, nuestra esperanza, nuestro todo, porque por Ella será Dios todo, todo nuestro."

* La Madre Sorazu, por obras de reparación en La Concepción de Valladolid, vivió en Jesús María, convento concepcionista sito también en Valladolid, entre el 11 de septiembre de 1895 y el 21 de junio de 1898.

(Autobiografía Espiritual, n241-243)

TEXTOS PARA LA ORACIÓN

Reproducimos un fragmento de unas Consideraciones sorazuanas sobre los Cánticos, publicadas por la revista La Vida Sobrenatural de Salamanca (no 60, Diciembre 1925, 361-371). Pensamos que constituye un hermoso acto de reparación al Sagrado Corazón de Jesús, que podemos ofrecerle en el próximo mes de junio, a Él dedicado:

"Jesús me requiere para la reparación, quiere que sea para Él un oasis, su alcázar y hospedería y su refugio, y con mi estimación, fidelidad, caricias, alabanzas y demás obsequios, que procure indemnizar su Amor ultrajado, y hacerle olvidar los agravios que le infiere la humana ingratitud [.].

Respondiendo a tu llamamiento, oh divino Jesús, me constituyo tu alcázar viviente y perpetua hospedería, tu asilo y solaz para acogerte y darte cariñosa hospitalidad cuando los pecadores te arrojan de su corazón y se niegan a recibirte las almas tibias a cuyas puertas llamas en vano. Pongo a tu servicio y disposición mi existencia con mayor afecto si cabe que Marta y María pusieran su casa de Betania para defenderte de tus enemigos de Jerusalén. Recibe las llaves de mi corazón, cuyas puertas te franqueo para siempre, y en adelante ven a mí, oh divino Amante, a cualquiera hora del día o de la noche, que la ingrata correspondencia de las almas te obliga a retirarte de ellas, pues te espero abiertos los brazos para recibirte, y con mis caricias y homenajes hacerte olvidar sus agravios. Oh divino Amor ultrajado, despreciado de la inmensa mayoría de las almas infinitamente amadas de tu Corazón, dulce Jesús saturado de oprobios, ven a mi corazón, refúgiate en mi alma (débil, pero amante de tu Bondad hasta la pasión divina) como en seguro asilo para defenderte de los dardos de la humana ingratitud; ven a descansar de tus fatigas, y a consolarte en tus penas, las que procuraré dulcificar con mis obsequios.

Quiero resarcir tus agravios y sostenerte en tus misteriosas flaquezas. Bendígote por los que te maldicen, alábote por los que blasfeman tu santo Nombre; te estimo, anhelo y busco con afán por los que te desprecian, y te amo por los que te odian con tanto mayor ardor cuanto es mayor el desprecio y aborrecimiento que sienten por ti los pecadores y las almas tibias, y con intenso cariño y divina estimación te acojo en mi seno, te abrazo y me adhiero a ti tantas veces cuantas te rechazan los tibios y te arrojan de su corazón los pecadores. Ven, Amado mío, y descansa en mi corazón, cuyo reconocido amor, unido al casi infinito que te profesa tu divina Madre, será el centinela que velará perpetuamente en tu presencia para defenderte del odio de tus enemigos, y el holocausto latréutico que te resarcirá del olvido y la indiferencia de las almas tibias. No contenta con esto, te procuraré, Jesús mío, tantos asilos y víctimas reparadoras cuantas son las almas que has confiado a mi cuidado. Recibe mi buena voluntad, oh Jesús, y bendice mis esfuerzos por resarcir tus injurias, para que mis anhelos, relacionados con tu gloria y con la salvación de las almas, sean satisfactoriamente cumplidos. Así sea."

(Exposición de varios pasajes de la Sagrada Escritura, Salamanca 1926, 106-107)


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