Los campamentos del Padre Alba (En la tierra como en el cielo)

Los campamentos del Padre Alba
(En la tierra como en el cielo)

(Es deseo de Jesucristo: el laicismo desaparecerá).

Presentación de la película sobre el campamento juvenil organizado por la "Asociación de la Inmaculada y San Luis Gonzaga" en el Pirineo aragonés, para el verano del 2005, año de la Eucaristía.



Débil es el pueblo que acepta su derrota
olvidando que fue llamado a velar,
hasta que llegue su hora.
Y las horas vuelven siempre en la órbita de la historia.
He aquí la liturgia de los hechos.
Velar es la palabra del Señor y la del Pueblo,
que hemos de aceptar siempre de nuevo.
Las horas son salmodia de conversiones incesantes.
Vamos a participar en la Eucaristía de los mundos.
Juan Pablo II, "Memoria e Identidad", (Pensando en al Patria)

Cuenta el P. Alfredo Sáenz S.J. en su libro "El Icono, esplendor de lo sagrado" que cuando el emperador Justiniano, el 27 de diciembre del 537, entró en Santa Sofía de Constantinopla, reconstruído con todos los recursos del imperio, exclamó sinceramente: "¡Gloria y honor al Altísimo, que me estimó digno de llevar a cabo una obra semejante. Salomón, te he vencido!".

Decía la Beata Madre Dolores Rodríguez Sopeña: "La creación es un templo y cada criatura una imagen de Dios".

El valor del templo es que une el cielo con la tierra. En la arquitectura del templo se trata de unir el cielo con la tierra: la cúpula con la base cuadrada. Desde el suelo vemos en sus bóvedas Santísimas Trinidades, coronaciones de la Virgen, coros de ángeles y procesiones de santos. Juntar el cielo con la tierra es lo contrario del deismo, que para Sedlmayr es la separación de Dios y el hombre, bajo la necesaria separación del medio: el Dios-hombre, origen de todas las demás separaciones.

San Juan no vio templo en la Jerusalén celestial. Dios mismo, que todo lo abarca y todo lo hinche, es su bóveda y la encierra en su inmensidad. Y el Cordero también. Es la imagen visible del Padre por su Encarnación. Por su visibilidad tenemos licencia para hacer imágenes y venerarlas. Las imágenes son vía de revelación como la tradición y la palabra de las Sagradas Escrituras.

Hay bóvedas dentro de otras. Dios, que todo lo abarca es la bóveda de la Jerusalén celestial. La bóveda celeste lo es de la creación. Las de los templos nos acercan desde el tiempo y el espacio a las otras bóvedas más eternas.

San Juan, en el Apocalipsis (Ap 21,22-23), después de decir que no vio templo en la Jerusalén celestial, porque Dios mismo es su templo, y el Cordero, en seguida dice que tampoco había sol ni luna porque la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero. El P. Sáenz dice en su libro que esto también podría decirse de Santa Sofía de Constantinopla. La luz entra en su arquitectura formando parte de su concepción. La luz de la gloria de Dios llena el templo y el Cordero la refleja desde fuera y desde dentro. En todos los iconos replandece también la luz de la gloria de Dios.

Yo había leído de las teorías antiguas de la luz, que algunos habían creído que la luz salía de los objetos y otros que salía de los ojos, pero en "El Icono, esplendor de lo sagrado", del padre Alfredo Sáenz he aprendido que los autores de iconos pensaban ambas cosas y que el primer icono que pintaban los pintores de iconos, para alcanzar tal título, era la Transfiguración, nuevo misterio del Santo Rosario introducido por Juan Pablo II el Grande. Cuando leí lo que dice el P. Sáenz, recordé la forma de hablar de la física moderna: lo que vemos es la luz, la energía, reflejada, refractada, difractada y dispersada por los cuerpos. Luz de dentro y de fuera de ellos. Luz de ellos y de nuestros ojos. Estados de energía según los contornos de los cuerpos, del nuestro y de los otros.

Entre la Transfiguración, el resplandor de la gloria de Dios en la nueva Jerusalén y en la creación renovada por un lado, y en la manera de hablar de la física moderna por otro, hay analogía.

Es el mismo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, quien crea la naturaleza y da la sobrenaturaleza. Él es quien perfecciona la naturaleza sin destruirla. San Pablo nos enseña: "El Dios que dijo: 'La luz resplandecerá de las tinieblas' (Gen 1,3) es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo" (II Corintios 4,6).

Ahora la luz natural nos manifiesta la belleza del bien y la verdad que hay en las cosas, pero hasta la plena manifestación de la gloria de los hijos de Dios sufre la creación entera dolores de parto. Entonces la luz transfigurante resplandecerá a través de la transparencia de los cielos y la tierra renovados. El cielo será la manifestación de la gloria de Dios reflejada en Cristo, imagen de Dios (II Co 4, 1-6). Las imágenes de Cristo, los iconos y los cristianos, han de ser también lámparas que transparenten la gloria de Dios, en la tierra y en el cielo. Trabajar para esto es ministerio apostólico. Estos versículos de la segunda epístola a los corintios se leen en la misa de ordenación de los sacerdotes.

La gloria de Cristo es su Pascua, su muerte y resurrección, su misa: la Eucaristía. "Dios me libre de gloriarme si no es en la Cruz de Cristo", nos dirá San Pablo. Por Cristo, con Él y en Él, todas las criaturas viven su misa. Su sacrificio, primero expiatorio y después lateréutico. Primero impetratorio y después eucarístico. Primero expiamos y luego podemos alabar dignamente. Primero pedimos y luego damos gracias, siempre por Él, con Él, y en Él.

De la muerte física con Cristo heredamos la claridad de la resurrección. Si morimos viviendo nuestra misa, como sacrificio impetratorio y expiatorio, la continuaremos resucitando como sacrificio latereútico y eucarístico.

Oí muchas veces al Padre Alba decir que nunca debe omitirse lo que dijo Jesús en el camino de Emaús: "que era necesario todo aquello, para entrar en la Gloria".

Al final la Jerusalén celestial desciende del cielo. Hemos de anhelar que la ciudad terrena se parezca a la celestial. Para esto Dios se hizo hombre y por eso podemos hacerlo. Cuando, en frase de Juan Pablo II, "la fe, haciéndose historia, llega a hacer cristiana la cultura", se engendra una cristiandad en la tierra, donde se quiere y se hace como en el cielo.

El Padre Alba quería, como me había dicho muchas veces, que sus campamentos fueran como una cristiandad. Un oasis de cristiandad en el desierto del mundo. Por eso había procesión eucarística con palas de ping-pong y danzas y arcos y flechas y balones. Tenía que ser como un templo vivo de humanidad redimida

Este año de la Eucaristía hemos glosado el deseo de Jesucristo de que todo sea en la tierra como en el cielo con representaciones eucarísticas, y hemos concluído que, para ser fieles a la tradición que hemos recibido, hemos de vivir nuestra misa en todas nuestras oraciones y trabajos, sufrimientos y alegrías. Como se hacía en el campamento. "El Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros". La Misa del Calvario fue de campaña bajo la bóveda del cielo.


(siguen los textos leídos durante la proyección del video)

Introducción

El Padre Alba organizó campamentos para que fueran como un oasis de cristiandad en el desierto del mundo, y así, los jóvenes, pudieran experimentar, con el ejemplo vivido, el ambienmte ideal para su humanidad, y lo procuraran toda su vida.

Con su sistema se crea un entorno en el que los acampados unen todas sus oraciones y trabajos, alegrías y sufrimientos al Sacrificio de Cristo, y así viven su misa en todo lugar y en todo momento. Con esta actitud mantenida por el resto de su vida, pueden llegar a la santidad en los diversos modos de vida, religiosa o seglar, consagrada u ordinaria, resignada o martirial.

Para esto vamos al campamento. Para aprender a colaborar a que "la fe, haciéndose historia, llegue a hacer cristiana la cultura", para preparar el Reino de Cristo hasta que Él vuelva.

Diana

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Dios nos dé su santa paz, y después la vida eterna. "Me acercaré al altar de Dios, del Dios que alegra mi juventud", para vivir mi misa un nuevo día. "Bendita sea el alba, y el Señor que nos la manda. Bendito sea el día, y Dios que nos lo envía".

Santa Misa

En algunos momentos, vivir la misa, coincide con su celebración.

La misa y el Apocalipsis se comprenden mutuamente. Ambos son el cielo en la tierra. Lo contrario del deismo, que es la separación de Dios y el hombre bajo la necesaria eliminación del medio: el Dios-Hombre, que es Jesucristo, lámpara que refleja la gloria de Dios en la Jerusalén celestial que desciende del cielo a la tierra.

Esta separación de Dios y del hombre es la forma primera de todas las ulteriores separaciones que impiden la paz, en vano tan buscada.

Aparte de la verdadera, sólo hay dos religiones: la que adora a un dios sin el hombre, y la que adora al hombre sin Dios, llámense como se llamen, estén donde estén, sean cuando hayan sido o serán.

"En la Eucaristía hemos de reparar la suprema injusticia del calvario", viviendo nuestra misa "como Dios quiera, cuando Dios quiera, con lo que Dios quiera", "haciendo lo que Dios quiere, y queriendo lo que Dios hace".

Deportes y juegos

A ratos, los acampados viven su misa jugando, para poder decir con San Luis Gonzaga que "seguirían jugando" ante la inminencia de un juicio universal.

Juegan porque es la hora y viven su misa practicando la obediencia, porque "el misterio de Cristo es un misterio de obediencia".

Juegan para descansar de los trabajos, para hacerlos mejor y vivir más la misa que ofrecen al principio con todas sus oraciones y trabajos, todos los días de su vida.

Juegan por caridad hacia sus compañeros, y viven su misa ofrecida con todas las alegrías y sufrimientos del día, para que sean felices, para que descansen de sus trabajos, para que se fortalezcan, para que venzan y ganen, porque Cristo ofreció su Cuerpo y su Sangre por nosotros.

Juegan para conseguir la humillación de la derrota y del perder, la sonrisa de la deportividad, la ceguera del amor hacia el amigo, para darse en cuerpo y alma, como se entregó Cristo, y así, viven su misa, también jugando.

Excursión

La vida humana es peregrinación. "Me enseñarás el sendero de la vida", dice el salmo antes de "me colmarás de gozo en tu presencia". Caminamos como lo hizo el Pueblo de Dios, a través del mar y del desierto, como los Magos, como la Sagrada Familia, como el mismo Jesucristo. Así vivimos nuestra misa triturando semillas del campo y bebiendo zumos de uvas, como lo hicieron los apóstoles. "Tu eres mi pastor, nada me falta. Me conduces hacia fuentes tranquilas. Aunque camine por cañadas oscuras nada temo. Tu vara y tu cayado me sostienen".

Ascenso al Monte Perdido

Nos acordaremos de estos montes, para anhelar "la antiquísima luz, que brilla, antes que toda luz, sobre los montes santos de la eternidad divina". Para vivir nuestra misa también como sacrificio lateréutico, de alabanza al Altísimo, a mayor gloria de Dios, porque sólo Él es santo. Santo, Santo, santo. Hosanna en el cielo. Gloria a Dios en la alturas. Gloria que es la única premisa posible para la paz en la tierra. El que la combate no tiene buena voluntad y se aparta libre, voluntaria y culpablemente de los hombres de buena voluntad.

Estos montes son como las rugosidades de una naranja para el planeta azul. Nos parecen grandes porque somos muy pequeños. Verdaderamente, para nuestra poquedad, "la inmediatez con lo divino es algo tremendo". Sólo podemos salvarnos de caer en el abismo viviendo nuestra misa, ofreciéndonos con amor, "como granos de trigo para ser molidos" y convertidos en Cristo, Verbo de Dios que hizo todo esto.

Búsqueda del tesoro

Porque el Reino de los Cielos es como un tesoro escondido en el campo, el Padre Alba organizó la "Búsqueda del tesoro", que repetimos cada año. Porque el que lo encuentra vende todo lo que tiene y compra el campo, los acampados aprenden a sacrificarlo todo por el Reinado Social de Jesucristo y así, viven también su misa, que es sacrificio, buscando el tesoro por los campos.

Charlas de formación

Ya decía el Padre Leonardo Castellani, a finales del siglo XX, que teníamos que pagar la educación dos veces. En el campamento se aprende lo que no se enseña donde se debería. Hace poco, en España, un profesor de historia se saltó los siglos XV y XVI, diciendo que no ocurrió nada interesante en ese tiempo.

La liturgia de la palabra tiene profecías para nuestro tiempo, y así vivimos las lecturas de nuestra misa, considerando sus cumplimientos: "se enfriará la caridad de muchos", "los hombres llevarán cabellos de mujer", "habrá más mártires", "dejarán de amarse los padres y los hijos", "dirán 'paz y seguridad' y entonces les sobrevendrá la ruina", "por aquellos días volveré, y levantaré el baluarte de David, que està caído".

Día de la familia

"Mientras no haya familia, habrá tercer mundo", nos dijo el Padre Marzo. Hemos de vivir nuestra misa en familia, porque la del Calvario se vivió también en familia. Estaban la Madre y el Hijo. El padre había muerto porque, no sé qué santo dijo que "si no, o Jesucristo no habría muerto, o las cruces habrían sido cuatro". Estaba el Padre celestial aceptando el sacrificio de su Hijo en la intimidad de la Familia Trinitaria. Estaba el Verbo de Dios con todo el Espíritu del amor filial, humano y divino, en sintonía tal que nunca nada parecérsele pueda.

Juan Pablo II el Grande ponía en Descartes el principio de la ideologías del mal, en lo que el Padre Castellani llama la "traición suprema a la tradición". "Mirad la roca do fuisteis excavados, mirad a Abraham que es vuestro padre, mirad a Sara, la que os dio a luz", nos dice Isaías. Si oyéramos y pusiéramos en práctica estas palabras, haríamos de judíos, moros y cristianos una gran familia en el mundo. Sin vecinos, porque sólo habría una sola familia.

Sería el cielo en la tierra. Sería la puerta del templo eterno, que es Dios que todo lo abarca, donde se dirá la Misa Eucarística de acción de gracias, la de los salmos que durarán siempre. La de la danza de los cuerpos aligerados, transparentes a la luz de la gloria, la de la paz de la impasibilidad imperturbable, la de la agilidad que imprime el Amor infinito.

Comedor

Dios concibió la creación como un banquete. Así que tiene creadas sus criaturas, enseguida les da de comer. Él mismo se dará como alimento en la Eucaristía y, por eso, los que al comer expresan el símbolo del deseo de Cristo de hacer la voluntad del Padre, lo que, según nos dijo, es su alimento, viven también su misa sólo por comer. Claro que los que rememoran las reglas para comer de San Ignacio, que tantas veces nos recordaba el Padre Alba, la viven más.

Procesión del Corpus

La ocasión en que más se manifestaban los deseos del Padre Alba, de ambientar un oasis de cristiandad en el desierto del mundo, era la procesión del jueves dedicado a la Eucaristía.

De sus labios oí muchas veces la explicación de que quería que se llevasen en procesión todos los instrumentos de juego que, para él, eran en el campamento, como los utensilios de trabajo de los gremios.

Quería que los grupos de baile danzaran ante el Santísimo como lo hacía el Rey David por delante del Arca de la Alianza. "Si el que canta reza dos veces", como decía San Agustín, "¿Cuantas veces reza el que baila?", planteaba Juan Pablo II a los teólogos ante las jotas de Zaragoza. Si "todo lo mueve el amor", como decía Anaxágoras, ¿cómo no va a mover el Espíritu Santo los cuerpos de los orantes?.

Los danzantes extienden la liturgia de su misa hasta sus cuerpos, buscando la semejanza con la dinámica de la ligereza de los cuerpos glorificados, y con la danza de la música de las esferas celestiales que, como todo, también existen con música, según San Isidoro de Sevilla.

Fuego de campamento

Cuando empiezan a asomarse las estrellas, antes del "ite, misa est", después de haber comido los últimos pedazos del pan nuestro de cada día, como una sobremesa de familia, nos sentamos en corro alrededor del fuego de nuestras caridades, para destilar el humor de la vida, en el espíritu de Santa Teresita, cuando decía: "si al llegar al cielo no me gusta, sonreiré para no desairar a mi Esposo".

Viaje a Lourdes

Al final del campamento fuimos a Lourdes. A visitar la Reina que vive, la Reina que vuelve. Allí se curan algunos, pero todos vuelven con resignación cristiana. Es aleccionador ver como Santa Bernardette, en sus notas personales, apunta muchísimas veces su propósito de sufrir con su corazón y el de Jesucristo fundidos en un mismo Amor. Esa es precisanente la misa del humilde que sufre.

El viaje a través del Pirineo nos permitio ver el vestido de hemosura natural que puso la sabiduría divina en sus criaturas, que en Lourdes se sobrenaturaliza en esa misa expiatoria que aprenden a vivir los peregrinos.

El día de la Asunción, la procesión de antorchas recorre la ciudad antes de transcurrir por el recinto del santuario. Allí estuvimos todos con todos los pueblos de la tierra, percibiendo la catolicidad de la Iglesia al cruzar nuestras miradas con rostros de todas las razas. Todos cantan "Lauda Sion Salvatorem" con la Jerusalén celestial. ¿Cuándo lo escuchará la de la tierra?.

Se conmemoraba el primer aniversario de la visita de Juan Pablo II el Grande. Se proyectaron escenas en una gran pantalla al final de la procesión y se oía en todas las lenguas: "aquí estaba yo también hace un año".

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.

Oración final

Virgen de Lourdes, Señora, Reina, Madre de Dios y Madre Nuestra, intercede con tu omnipotencia suplicante, para que Dios, luz verdadera, autor y dador de la luz eterna, infunda en nuestros corazones la luz que no se extingue, para que viviendo nuestra misa, iluminados en el templo de su creación por la luz del sol y de la luna, podamos llegar felizmente a ver y reflejar con Cristo el esplendor de su gloria. Amen.


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