"y las estrellas... purpurina."

Cartas a mis ahijados

"y las estrellas... purpurina."

Barcelona, marzo del 2000

      Querida Ángela:

¿Te acuerdas de tu infancia?. Cuando te contaba cuentos asombrosos que casi no entendías. Hoy me han venido a la imaginación las estrellitas que salen de la varita mágica de una hada buena... y las luces de los pueblos y ciudades que se ven de noche desde un avión.

Después he recordado lo que me contaba un estudiante de teología del sabio teólogo y buen padre Sebatián Bartina S.J. Me decía que cuando explicaba la creación y el Génesis, lo hacía de una manera admirablemente poética. Hablaba de que Dios iba esculpiendo y pintando las cosas del universo y terminaba diciendo "y las estrellas... purpurina".

Con estas imágenes pretendo explicarte una cosa muy difícil. Ya sabes que Jesucristo está realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar, no sólo durante el Santo Sacrificio de la Misa, sino después, y que sigue presente hasta que desaparecen las apariencias de pan y vino. Déjame decirte que hoy hay algunos que niegan esto y vuelven a caer en el error que ya fue condenado por orden del papa Gregorio XI el 8 de agosto de 1371. Creen que inventan y no hacen más que caer en trampas seculares.

Yo ahora no sólo voy a reafirmar mi fe en la presencia permanente de Jesucristo en la Eucaristía, incluso fuera de la Santa Misa hasta que desaparecen las apariencias de pan y vino, sino que voy a ir mucho más allá. Te lo puedo explicar porque ya vas siendo mayorcita. Es un asunto que Santo Tomás dice que es difícil. Figúrate lo que nos parecerá a nosotros.

En el artículo 5 de la cuestión 77 de la 3a parte de la Suma Teológica, Santo Tomás se pregunta "si de las especies sacramentales puede engendrarse algo" es decir, qué ocurre con los accidentes de pan y vino, con el bulto del pan y el vino, sus colores y sabores, cuando termina la presencia real de Jesucristo.

Concluye que "en la consagración se concede por milagro a la cantidad dimensiva del pan y del vino ser sujeto primero de las subsiguientes formas, función propia de la materia, si estuviera". Con esto resulta que toda la serie de transformaciones que se seguirán de las interacciomes de estos accidentes con los demás cuerpos hasta el fin de la historia, estarán como marcadas por el misterio eucarístico.

Esos accidentes a los que Dios ha dado subsistencia son prenda y señal del mundo renovado, del "cielo nuevo y la tierra nueva" que vio San Juan en la isla de Patmos cuando escribió el Apocalipsis. Visto con ojos sobrenaturales, ultranaturales, podríamos decir, para sugerir como unos ojos que vieran la luz ultravioleta, el mundo se va poblando de estrellitas, como de purpurina, de lucecitas que son los accidentes que siguen interactuando sin substancia, con los accidentes de las otras substancias que actúan con los suyos, y marcan el universo de manera que su renovación empezará por ellos y, en cierto modo, se realizará por ellos.

Reza para que podamos verlo juntos, y te pueda llevar cogida de la mano, saltando de estrella en estrella, viendo a lo lejos brillar la Tierra por eso que te he explicado.

Manuel M. Domenech I.


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