Carta abierta al P. Serra: Del cumplimiento de las Sagradas Escrituras y la maternidad espiritual de María

"el evangelista, después de las expresiones de Jesús a su madre, añade un inciso significativo: sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido (Jn 19,28), como si quisiera subrayar que había culminado su sacrificio al encomendar su madre a Juan y, en él, a todos los hombres, de los que ella se convierte en Madre en la obra de la salvación".
"Mujer, he ahí a tu hijo" Catequesis mariana Santo Padre Juan Pablo II 23 de abril de 1997

Carta abierta al P. Serra: Del cumplimiento de las Sagradas Escrituras y la maternidad espiritual de María

Querido P. Serra:

Ésta es para agradecerle la conmoción que en mí causó su explicación de la consumación y cumplimiento de las Sagradas Escrituras en nuestra filiación mariana.

He encontrado en la red una página en la que parece explicarse el origen de la exégesis que usted nos enseñó:

El exegeta protestante inglés G. Bampfylde publicó, hace algunos años, un estudio filológico sobre la construcción del versículo de Jn 19,28. La conclusión a la que llega (conclusión que muchos comentaristas admiten) es que la proposición final: "para que se cumpliera la Escritura", no debe relacionarse con "Jesús dice", que viene a continuación, sino con "todo estaba consumado", que precede inmediatamente. Quiere esto decir que el cumplimiento de las Escrituras no consiste en el hecho de que Jesús diga "tengo sed", sino que este cumplimiento se realizó en el episodio anterior, es decir, en la escena de María y del discípulo al pie de la cruz. Si esto es así, entonces debemos leer: "Después de esto (después de la escena que precede, a saber, del diálogo con María y Juan), sabiendo que todo estaba ya consumado para que se cumpliera la Escritura, Jesús dijo: Tengo sed" (19,28). Por consiguiente, cumplióse la Escritura en lo que Jesús dijo a su madre y al discípulo.
La maternidad espiritual de María Estudio exegético de Juan 19,25-27 Ignace de la Potterie

Desde entonces, esta verdad se me ha ido relacionando con otras muchas, como la sentencia de San Luis Ma Grignon de Montfort: "quien no tiene a María por Madre no tiene a Dios por Padre", y que la más perfecta imitación de Jesucristo es "vivir recibiéndose del Padre", como explica el P. Bojorge.

También, como ya le dije, con la lectura del viernes de la cuarta semana de Pascua (Hch 13:26-33)

Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros temen a Dios, a vosotros es enviada la palabra de esta salud. Porque los que habitaban en Jerusalen, y sus príncipes, no conociendo a éste, y las voces de los profetas que se leen todos los sábados, condenándoles, las cumplieron. Y sin hallar en Él causa de muerte, pidieron a Pilato que le matasen. Y habiendo cumplido todas las cosas que de Él estaban escritas, quitándolo del madero, lo pusieron en el sepulcro. Mas Dios le levantó de los muertos. Y Él fué visto por muchos días de los que habían subido juntamente con Él de Galilea á Jerusalem, los cuales son sus testigos al pueblo. Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa que fué hecha a los padres, La cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús: como también en el salmo segundo está escrito: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy.

Aquí se dice que cuando lo bajaron del madero habían cumplido todo lo que de Él estaba escrito y que se cumplió en nosotros la promesa, adoptándonos dentro de aquel "Hijo mío eres Tú, yo te he engendrado hoy". Es otro lugar donde se dice que el cumplimiento está en darnos la filiación. Con la sentencia de San Luis Ma Grignon de Montfort, vemos en la filiación mariana ese cumplimiento.

"Yo te he engendrado hoy" es el cumplimiento de las promesas de las Sagradas Escrituras en todo Israel, en todos los hijos de Dios. Este "HOY" es el eterno presente divino para Él, pero para nosotros es el momento de nuestra filiación mariana.

Del mismo modo que Jesucristo irrumpe en la historia por las santísimas entrañas de María, nosotros estallamos a ser hijos de Dios teniendo a María por madre.

Y como en el salmo 2 sigue lo de "te daré en herencia las naciones", podemos relacionar esto con la realeza de María.

Por último añadiré que no deja de extrañar que el evangelista siga diciendo que Jesús dice que tiene sed para que se cumpliera la Escritura, y efctivamente hay una que dice: "en mi sed me dieron vinagre". Pero podemos decir que las dos cosas van juntas. ¿Por qué Jesús se acuerda de su sed precisamente ahora, al ver a su madre deshecha en sudores y lágrimas?. ¿Es que no la tuvo antes?. Se cumple una escritura, un detalle histórico. Pero ese detalle histórico sucedió también para que se cumpliera la promesa de la misericordia divina.

El hambre y la sed van muchas veces juntas, pero el hambre es cosa de los hijos y la sed de las madres, que se deshacen por sus hijos. La tierra reseca, la fecundidad del rocío, se asocian aquí también con el recuerdo de la Virgen del Rocío.

Yo tuve un profesor de metalurgia que nos dijo un día: "todo son disoluciones". Él, dedicado toda la vida a los aceros, vivía el diagrama de fases del hierro y el carbono de manera que podía decir eso. En química el tema de la disolución es de los más importantes, y siempre que hay una transformación química, hay algo que se disuelve y así se genera la sustancia química que podemos llamar hija.

Más profundo es lo que dijo Mn. Francesc Galcerán al final de su homilía del Viernes Santo del 2011 sobre la palabra de Cristo en la Cruz "Tengo Sed". Dijo que en el Evangelio de San Juan el agua es símbolo del Espíritu Santo. Ahora sí que con la consideración del misterio de la Virgen del Rocío, podemos ver la Maternidad de María también en el "Consumatum Est" que siguió al "Tengo Sed".

Esto es más trascendente de lo que parece a primera vista. El mismo Jesús nos dice que tiene un alimento que es hacer la voluntad del Padre. Los hijos comen para hacerse como los padres y ellos se deshacen para hacer a los hijos. En un mundo de abortos y eutanasias se hace difícil asimilar esto, pero ayuda a ver lo lejos que estamos de los caminos de Dios.
Manuel Ma Domenech I.


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