ELECCIONES GENERALES – EL DIA SIGUIENTE

 

 

ELECCIONES GENERALES – EL DIA SIGUIENTE

Juan Casañas Balcells 

 

 

Sorpresa: vuelco espectacular. Causas próximas

 

14 de Marzo de 2004. El escrutinio desbordó sorpresivamente las tendencias que las encuestas anteriores al trágico 11-M iban apuntando en sentido de pérdida de la mayoría absoluta por parte del PP, y crecimiento del PSOE aunque insuficiente para privar al PP de mayoría relativa, previsión  esta última que no se cumplió: el PSOE, sin  llegar a mayoría absoluta, obtuvo más votos y escaños que su oponente, con el consiguiente espectacular, inesperado y trascendental cambio en el panorama de la política nacional.

Un motivo, la posible abstención de votantes de auténtica derecha, resentidos por la tendencia del PP hacia el centrismo y su poco decidida actitud, en sus ocho años de mandato, con respecto a protección de la familia, a equiparar a ésta otro tipo de uniones incluso “sin distinción de su orientación sexual, al mantenimiento de la legislación permisiva del aborto y de la manipulación genética, a trabas de hecho en la asignatura de Religión y a los colegios concertados mayoritariamente regentados por Institutos religiosos, a la tolerancia de la tele-basura y del generalizado clima de hedonismo; y sobre todo, en Cataluña y el País Vasco, donde el descenso el PP ha sido más espectacular, por la connivencia con la falsificación de la Historia en las escuelas, con el creciente descaro político más allá del marco legal del Estado de las Autonomías y con el “terrorismo lingüístico” de los nacionalismos, tendente a erradicar de sus territorios el idioma castellano.

Otro probable y más determinante motivo ha sido la crecida participación, superior a la habitual en dos o tres millones de electores que, abstenidos en comicios anteriores, han votado ahora movidos exclusivamente y sin atención alguna a otros temas de máxima importancia, por el impacto emocional de la matanza del jueves, que posteriormente, sea o no verdad, reivindicó Al Qaeda como represalia por la intervención española en la guerra de Iraq, hipótesis que ya con anterioridad arteramente y con evidente éxito fomentó el PSOE para inclinar la opinión popular en contra del Gobierno, acusándole de ocultar información, incitando bajo mano al asalto a locales del PP y a que el populacho saliera a la calle en manifestaciones demasiado uniformes en el tono y en el texto y tipografía de las pancartas exhibidas para estimarlas espontáneas. Exito por otra parte engañoso, puesto que los habitualmente abstenidos, más que votar a favor del PSOE votaron en contra del PP movidos solamente por tema del Iraq, sin consideración a estar o no de acuerdo con las respectivas promesas electorales en tantas otras cuestiones de superior trascendencia que, cuando surjan en el decurso de la política nacional, pueden modificar el sentido de la adhesión ciudadana.

 

La causa remota y más decisivamente determinante

 

Aunque se niegue, se ignore o no se quiera tener en cuenta, la divina Providencia, sin cuyo mandato o simple permisión “no cae ni uno solo de nuestros cabellos”, interviene en la Historia para conducirla al último y supremo fin de Su glorificación; y, “escribiendo recto sobre renglones torcidos”, con sabiduría y poder infinitos combina designios y actos humanos libres, acontecimientos históricos y fenómenos naturales para corregir los desvíos y rebeldías con que el hombre, abusando de la libertad que Dios le concedió no para obrar el mal sino para optar meritoriamente por el bien, consciente o inconscientemente pretende apartar a la humanidad del fin para el que fue creada. Son ejemplos históricos, el destierro del Paraíso terrenal, el Diluvio, el fuego de Sodoma y Gomorra, la confusión de lenguas en Babel, las Plagas de Egipto, las serpientes venenosas cerca de los Llanos de Moab, la deportación a Babilonia, la destrucción de Jerusalén por las legiones romanas, las sucesivas invasiones de los bárbaros, el naufragio del Titanic, y tantos otros a lo largo de la Historia.

Hoy, parece ser el terrorismo el azote dispuesto por la divina Providencia para mover a conversión a las Naciones otrora cristianas, que desde el laicismo elucubrado por la filosofía enciclopedista y gradualmente implantado en los Estados desde la Revolución francesa, han prescindido de las raíces que durante siglos habían conformado su esencia hasta llegar a la prácticamente total apostasía, profetizada por San Pablo como antecedente de la aparición del Anticristo, “el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición .... a quien el Señor Jesús matará con el aliento de su boca, destruyéndole con la manifestación de su venida”.

 Los españoles somos especialmente acreedores de castigo por el pecado colectivo de haber desperdiciado ocasión, como no la hubo desde los Reyes Católicos, que la Providencia nos deparó con el triunfo, impensable “de tejas abajo”, del Alzamiento del 18 de Julio de 1936, para regenerar la Nación tras el Liberalismo decimonónico culminado en  el caos de la IIª  República: nada queda del espíritu y motivación del Alzamiento, auténtica Cruzada, como calificaron el Episcopado y los Papas Pío XI y Pío XII, de la concepción cristiana de la vida contra la concepción materialista y atea del hombre y de la Sociedad, Cruzada y Victoria que al decir de S.S. Pío XII debía servir al Mundo como “ejemplo del poder restaurador, vivificador y educador de una fe, en la que, después de todo, hemos de venir siempre a encontrar la solución de todos los problemas”.

Aquel espíritu del Alzamiento ya empezó a desvirtuarse a poco de iniciada la contienda y paulatinamente abandonado tras la Victoria del 1939: algunos mandos militares y dirigentes políticos del Alzamiento que sólo aspiraban a restablecer el orden de la IIª República perturbado por el Frente Popular tras las elecciones de Febrero del 36, no lo sentían aunque por oportunismo político aparentaban sintonizar con él, pero sin renunciar a maniobrar astuta y solapadamente para frustrarlo. Decisivo instrumento fue el Decreto de Unificación de Abril de 1938 que, a pretexto de la conveniencia de Mando único para coordinar eficazmente la aportación de todos al logro de la victoria, disolvió los Partidos de auténtica derecha, cuyas milicias habían sido clave para que el Alzamiento no quedara abortado ya en sus inicios y seguían siéndolo para el avance de las tropas nacionales. Las consecuencias las seguimos pagando hoy: clausurados sus Círculos, incautada su Prensa, perseguidos, encarcelados o desterrados sus dirigentes, desengañados y desanimados sus adictos, víctimas además de intrigas tendentes a fomentar disidencias internas dentro de cada grupo, la auténtica Derecha, sin posibilidad de reorganización bajo el régimen totalitario de la inmediata postguerra, quedó marginada de la política nacional, reducida a lo sumo a pequeños grupúsculos testimoniales sin  protagonismo alguno en el proceso democratizador propiciado por la Ley Orgánica de Sucesión y culminado por la vigente Constitución.

Ya en plena Transición, el Alzamiento pasó de Cruzada a Guerra Civil; con el Cambio, se culpó a los vencedores de las atrocidades cometidas por los vencidos, hasta el punto de que algunos estamentos eclesiales llegaran a proponer, y la “rojería” a exigir, que la Iglesia pidiera perdón a sus verdugos, aberración que S.S. Juan Pablo II implícitamente ha desautorizado con las numerosas beatificaciones de víctimas del Marxismo. La vigente Constitución no sólo deja de inspirarse en las raíces cristianas de nuestra Patria sino que las contradice por su tendencia laicista, divorcista y abortista, denunciada en su día en carteles fijados por Unión Carlista, refutados, mendazmente como demuestra la realidad sobrevenida, por el Sr. Suárez en aparición televisiva el día de reflexión anterior al Referéndum. Sorprende, o quizás no, que el grueso del Espiscopado, influenciado por la línea del Cardenal Tarancón, recibiera con indisimulada complacencia la nueva Constitución, a pesar de las protestas del Primado, Cardenal González Martín, al que sólo secundaron escasos Prelados. Nada tiene de extraño que a las ditirámbicas alabanzas tributadas a aquél, a su fallecimiento, se sumaran todas las izquierdas en pleno.

  Y bajo el régimen de la actual democrática Constitución, se ha invertido el signo de la Victoria de 1939, silenciando, salvo para denostarlo, el recuerdo de militares, políticos e intelectuales del bando nacional, y reivindicando con elogio la memoria de personalidades y milicias de la zona roja, actitud que el PP, en sus ochos años de mandato, lejos de corregir más bien ha acentuado: p.ej., el explícito azañismo del Sr. Aznar. Y lo más grave, la vulneración de los Principios de Moral católica y Derecho natural ha llegado a extremos que ni soñarse podían incluso en tempos de la IIª República.

Nos encontramos en situación análoga a la surgida de las elecciones de Febrero del 36, con un Frente Popular que a pesar de sus evidentes discrepancias internas está perfectamente cohesionado por su común empeño, triunfante en las recientísimas Elecciones, de que “no vuelva la Derecha”. Con la diferencia de que entonces existía organizada una auténtica Derecha capaz de catalizar, a los cuatro meses, la eficaz reacción del 18 de Julio; hoy, en cambio, frente al bloque de izquierdas sólo existe un vago centrismo en la oposición, con ambiguos criterios éticos y religiosos, cuyo único ideal parece ser detentar el poder, aun a costa de transacciones, con el apoyo de la burguesía capitalista, atraída por sus logros en Economía, y con el aval de los éxitos que obtuvo contra el terrorismo. Y con el agravante de que algunos Partidos nacionalistas históricamente considerados católicos y de derechas, ahora, con el propósito de avanzar en sus aspiraciones soberanistas y “sacar tajada” del Presupuesto, están dispuestos a alinearse con el bloque de izquierdas.  

 

Expectativas para el inmediato futuro

 

El líder del PSOE, que durante la campaña manifestó que sólo aceptaría formar gobierno si resultaba ser el candidato más votado, lo cual implícitamente revela que no lo haría aunque pudiere desbancar al PP con una coalición “a lo balear” o según el ejemplo de Maragall en Cataluña, determinación que Llamazares reprobó públicamente, y que revela además la poca confianza que tenía en que el PP perdiera la mayoría al menos relativa, anuncia ahora, habiendo sido el candidato más votado, pero sin mayoría absoluta, que actuará con Gobierno “monocolor”.

 Por lo visto, confía en apoyos puntuales de otras formaciones de izquierda, como IU en cuanto coincida con las aspiraciones “proletarias” de ésta; y de partidos más o menos de falsa derecha, como CiU y PNV, en cuestiones que no afecten al modelo de Estado o, afectando, ceda a sus apetencias “soberanistas”; e incluso obtenerlo del PP en cuestiones de terrorismo, que éste ya ha manifestado estar dispuesto a prestar con tal de que el PSOE no se desvíe ni un ápice de lo acordado por ambos en su Pacto antiterrorista, o en temas referentes al modelo de Estado, a condición de que el Sr. Zapatero mantenga el propósito, varias veces reiterado. antes y después de las Elecciones, de defender la unidad nacional. Pero ¿cómo reaccionará el Sr. Zapatero ante el “Plan Ibarretxe” o ante el Referéndum que el Sr. Maragall amenazó convocar en caso de que el Gobierno o las Cortes no aceptaren su modelo de Estado “asimétrico”? ¿llegaría el Sr. Maragall a colocar al PSOE ante el dilema de aceptarlo o de verse privado del apoyo parlamentario de los diputados de PSC? ¿qué pasará con la pendiente ejecución de la Sentencia del Tribunal Supremo, condenatoria del Sr. Atucha?. El PSOE ya nos tiene avezados a acusar a sus contrarios, de hacer lo mismo que él había hecho en casos parecidos o idénticos: recuérdese, si no, su intervención en la Guerra del Golfo y en el avispero de los Balcanes; y a detonantes cambios de rumbo, como en el tema de la entrada a la OTAN.

La continua necesidad en que se encontrará el PSOE, de “templar gaitas” a base de vergonzantes concesiones contrarias a sus promesas preelectorales en aquellos y otros muchos supuestos –en política internacional, oscilante entre optar por seguir a Francia y Alemania o continuar en la línea USA; en enseñanza, topando con la Iglesia en los temas de clases de Religión y de escuelas privadas concertadas; en Economía, política Fiscal, inflación y gasto público; en política laboral, con los consabidos intereses contrapuestos entre Patronal y Sindicatos, y un largo etcétera-, añadida a la endeblez de su mayoría conseguida sobre la movediza arena de un electorado que en buena parte ha votado motivado exclusivamente por el impacto emocional del hecho puntual del múltiple atentado del 11-M y sin reflexión alguna sobre tantos otros importantes temas permanentes de la política nacional, dan una tal sensación de inestabilidad que, aun siendo aventurado todo pronóstico, mueve a pensar en la posibilidad de que el Sr. Zapatero no llegue a poder completar los cuatro años de su legislatura.

Además, el panorama viene ensombrecido por la amenaza terrorista de Al Qaeda, de la que el PSOE seguirá culpando a Aznar por la intervención en Iraq, como si no existiera ya anteriormente: la conquista de toda la tierra de infieles, especialmente de la que en otro tiempo poseyeran, es precepto del Corán que el islamismo ha mantenido de generación en generación, con igual tenacidad que los judíos en su esperanza mesiánica de vuelta a la Tierra prometida. La amenaza del Islam a España empezó con las lágrimas de Boabdil en el Mirador del Moro, se intentó poner por obra poco después, incluso antes del levantamiento de las Alpujarras, y con ocasión del atentado a las Torres Gemelas, Bin Laden la reiteró refiriéndose expresamente al Andalus, que para ellos es la Península entera,  que, salvo pequeños reductos encaramados en las fragosidades de la Cordillera Cántabro-Pirenaica, llegaron a dominar en su totalidad, manteniendo su ocupación, aunque en paulatino retroceso, durante ocho siglos. El incesante flujo de inmigrantes cruzando el Estrecho o llegando a las Canarias en frágiles pateras ¿obedece sólo a un explicable deseo de mejorar su nivel de vida o, vista la pasividad de Marruecos en detenerlo, no ocultará el secreto designio de impulsarlo para camuflar agentes terroristas o capaces de organizar una especie de “quinta Columna” dentro de la Península en apoyo de una invasión en toda regla?: la “Marcha Verde” sobre el Sahara podría ser un precedente.

Y no crea el PSOE ni nadie que por retirar del Iraq las tropas enviadas en misión sólo de ayuda humanitaria, cesará la amenaza, pues cediendo al chantaje, el terrorista lo interpreta como señal de debilidad y cree que persistiendo en su terrorismo, podrá lograr cuanto se proponga: ceder al chantaje ¿no podría animarles a que siguieran usándolo a pretexto de Ceuta y Melilla y luego de Córdoba, Granada y Sevilla?. Con el resultado sobreañadido a su favor, de conseguir que el terror trascienda de nuestras fronteras a todo el descristianizado mundo occidental, cuyos dirigentes saben que para el Islamismo tan infieles son cristianos como judíos y tan cristiano Zapatero como Aznar o cualquiera de los dirigentes de Israel  y de los Estados de tradición cristiana tanto en Europa como en América, sea cual sea su filiación política. Porque para el terrorismo islámico, los atentados no son fin en sí mismos, sino medio para sembrar el terror, la angustia, la zozobra, la intranquilidad en la ciudadanía para que exija a sus gobernantes ceder a las exigencias islamistas: ello explica algunos “faroles” de Bin Laden como la no ejecutada amenaza de un Noviembre trágico en EE.UU, o la reciente llamada a la “yihad” o Guerra Santa, de nula eficacia, al menos por el momento, ya que pocos Estados árabes están dispuestos a secundarla y, además, el Islam, fracturado en chiitas y sunnitas subdivididos en prolija ramificación de variantes, no es un bloque monolítico bajo una sola autoridad suprema, en que se sienta por igual el fanatismo fundamentalista: posiblemente, en lo único en que por el momento parece que todos coinciden, es en echar de Israel a los judíos para restaurar en Palestina un Estado exclusivamente árabe.  ¿Podría ser también “farol” de Bin Laden la reivindicación del 11-M?; ¿o acaso habría otra no identificada “mano negra”, directa o indirectamente instigadora?.

Lo que ciertamente no cabe esperar es que la acción política del PSOE, así como la de los países occidentales en general, se inspire en los principios del Evangelio en materias de moralidad pública y en los medios de comunicación, en el concepto del matrimonio y de la familia, en investigación genética, en la formación ética, religiosa y patriótica de la Juventud, en las relaciones con la Iglesia o en el tema de las “raíces cristianas de Europa” en el proyectado texto para una nueva Constitución de la Comunidad Europea. No es temeridad sino realismo suponer que, como siempre y en todas partes ha ocurrido en la historia de las democracias, cuando a un gobierno de aparente derecha que ha conservado los “avances” de falso progreso implantados por el de izquierdas que le precedió, sucede otro también de izquierdas, éste retoma, incrementándola, la línea “progre”.

 

Castigo  divino por la generalizada descristianización

 

El Papa ha dicho, en su Exhortación Apostólica “Rosarium Virginis Mariae”, que sólo una intervención de lo Alto puede hacer esperar un porvenir menos sombrío. Y esta intervención podría ser la permisión del terrorismo a escala mundial. Llama la atención, sea de ETA, sea de Al Qaeda, que el atentado de Madrid se haya producido en víspera de las Elecciones. Demasiada casualidad para ser casualidad, puesto que las cosas, más que por casualidad, suelen ocurrir por causalidad. No sería de extrañar que la divina Providencia se haya valido de los atentados en Madrid para castigar a España no sólo con la materialidad del acto terrorista sino también con su innegable consecuencia directa de la implantación de un Gobierno de izquierdas que se intuye contrario al Orden natural, a la Iglesia y a las tradicionales esencias patrias. Y no sólo a España sino también a todo el descristianizado Mundo occidental con la angustiante amenaza del terrorismo, ya que el temor a los atentados ha trascendido de nuestras fronteras; y que utilice el Islam como ejecutor del castigo al igual que en otras ocasiones históricas de crisis religiosa: recuérdese la herejía de los cátaros, la degeneración del Imperio Romano, la frustración de las Cruzadas por el materialismo mercantilista, la Pseudorreforma protestante, con  las correlativas consecuencias del dominio islámico en el norte de Africa y Tierra Santa, la  caída de Bizancio en poder de los turcos prolongada a través de los Balcanes hasta sitiar Viena, el dominio turco del Mediterráneo al que puso fin la batalla de Lepanto, episodios todos que aclaran el sentido de la bíblica oposición dispuesta por Yavé entre la descendencia de Isaac y la de Ismael, que vuelve a manifestarse ahora con el terrorismo islámico en contra del Estado de Israel y en contra de los “infieles” cristianos y judíos de todo el Occidente.

 

¿Esperanza de remedio?

 

No nos engañemos: ni el Estado de Derecho ni el clamor popular ni el imposible diálogo ni la Diplomacia ni Ejércitos en orden de batalla ofrecen garantía de eficaz defensa frente a ese terrorismo escurridizo, indiscriminado, impredecible, secretamente urdido por ignotos estrategas en lugares y para lugares desconocidos de antemano, y ejecutado por agentes anónimos con variados medios a veces muy simples, que sin embargo no podrá frustrar el designio de Dios, a Quien sin saberlo sirve como instrumento a modo de aviso misericordioso para mover a gobernantes y gobernados, como en Nínive, a conversión.,  y así conducir la Historia al último y supremo fin de Su glorificación por Cristo, con Cristo y en Cristo: “Per Ipsum, et cum Ipso, et in Ipso”.

En consecuencia, el terrorismo sólo podrá erradicarse y alcanzarse la auténtica paz, la paz de Cristo en el reino de Cristo, con la vuelta a las raíces según los principios del Evangelio. Lo que había sido la Cristiandad vive ahora de espaldas a Dios, esclavizada por los placeres mundanos, por el afán de riquezas, por el bienestar material, y urge devolver al sexo la finalidad para la que Dios nos hizo hombre y mujer, sin pretender el goce frustrando la procreación; urge respetar la vida también en su inicio y en su final, sin legalizar los crímenes del aborto y de la eutanasia; urge devolver al matrimonio el significado de unión única e indisoluble de amor entre hombre y mujer, sin equiparar a la familia uniones pasajeras u otras que por ser “contra natura” claman venganza a Dios; urge austeridad y espíritu de pobreza para usar de las riquezas, tanto los individuos como las naciones, no como dueños sino como simples administradores para, después de satisfechas las legítimas necesidades propias, emplearlas en beneficio de las personas y países más indigentes; urge, en síntesis, vivir y actuar según las bienaventuranzas del Sermón de la Montaña. Y acabar con lo que parece ser el más grave de los pecados actuales: la manipulación genética, satánica perversión con la que el orgullo de algunos científicos interfiere y deshumaniza el “creced y multiplicaos” del plan divino de la Creación.

Urge, en síntesis, que los Estados abandonen el laicismo decimonónico hasta hoy dominante y aceptando, como Principio y Fundamento de todo, que el hombre ha sido creado para conocer, hacer reverencia y servir a Dios, le rindan públicamente el debido tributo de adoración y, sin perjuicio del respeto a la libertad ontológica en materia religiosa que el mismo Dios ha concedido al hombre, inspiren sus Constituciones, leyes y actos de gobierno en el espíritu del Evangelio. Ideal humanamente impensable, pero posible con el auxilio de la divina Gracia, impetrada por la oración, sacrificio y testimonio de vida de anónimas “almas pequeñas”, actual resto reservado análogo al antiguo “resto de Israel”, que no obstante el escaso efecto de las recientes Carta Apostólica “Rosarium Virginis Maríae” y Encíclica “Ecclesia de Eucharistia” en la labor pastoral del Episcopado y del Clero, ponen en práctica las exhortaciones del Papa al rezo del Santo Rosario y adoración al Santísimo Sacramento; y en particular, para España, por la intercesión de los Mártires de la Cruzada, cuya sangre, como la de los Mártires en otros tiempos y lugares, ha de ser “semilla de cristianos”. La esperanza, tarde o temprano, se verá cumplida: Cristo prometió, y “los cielos y la tierra pasarán, pero no pasará su Palabra”, estar con Su Iglesia hasta el fin de los siglos.

 

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